Contarlo o no contarlo
Uno de los temas peliagudos de la decisión de dejar de fumar es contarlo, especialmente cuando lo haces por adelantado y, por tanto, antes de conseguirlo: “El día 2 voy a dejar de fumar”. Je. El primer problema que se te puede presentar, menos grave y siempre asociado al posible fracaso en el intento, es que después de la fecha prevista todo el mundo te pregunte si dejaste de fumar y tengas que contestar que no. Aparte de la herida en el amor propio, luego toca que terminen de hundirte la moral recordándote tu falta de fuerza de voluntad y lo mucho que va a sufrir tu salud como sigas fumando. El segundo problema de anticipar tu intención de dejar de fumar es que nadie te crea, o que incluso algunos se descojonen en tu cara. Un tercer problema se suele presentar cuando te viene el listo que todo lo sabe, ex-fumador o que tiene cientos de amigos que lo son, y que te hace trescientas recomendaciones y te da mil trucos para que consigas tu objetivo, todo ello al tiempo que recuerdan los ya consabidos tópicos sobre los efectos del tabaco en la salud.
¿Como evitar todos estos problemas? Hay un método infalible y global que evita los tres problemas al tiempo: No se lo cuentes ni a tu mujer. Pero si eres de esos que no puedes aguantar sin contar una decisión de tal calibre puedes optar por el siguiente solucionario:
El primer problema lo evitas dejando de fumar, evidentemente. El segundo, más fácil, lo solucionas eligiendo correctamente a quienes les cuentas tu intención de dejarlo. Y el tercero… Ah, para el tercero hay que hacer lo que yo hice: hacía meses que venía previniendo a familia y amigos (escogidos cuidadosamente, ojo) de mi intención de dejar fumar: “¿Sabes que voy a dejar de fumar? Voy a hacerlo, no sé cuándo exactamente, pero lo voy a hacer, he tomado la decisión, de verdad, me lo he planteado muy seriamente y lo haré, además, ojo, eh, que ya sé como hacerlo, y ahora sólo estoy esperando un buen momento… lo voy a hacer…”. Pero cuidado, hay más: porque esa tópica retahila hace reir bastante cuando se dice en respuesta a los pesados que nos dicen que dejemos de fumar cuando nos oyen toser o nos notan ahogados subiendo unas escaleras. La clave es recitarla sin venir a cuento, en el momento menos esperado, que salga de nosotros sin que nadie nos regañe porque estamos fumando mucho. Entonces, y sólo entonces, la gente se lo cree. Te creen realmente mentalizado, convencido, decidido… y algunos, incluso, te felicitan y animan.
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