Malos ratos
Uno de los principales temores de cualquier ex-fumador novel es enfrentarse a esos momentos en los que los cigarrillos proporcionaban un placer especial. Los más típicos los de después de comer y tomando un cafecito. Pues es curiosísimo, pero ninguno de esos dos momentos me ha supuesto ningún esfuerzo especial. Pero hay circunstancias que plantean algunas excepciones, por ejemplo, cuando es una gran comilona y/o acompañada de mucho vino, o cuando el café es en un ambiente especial. Otro cigarro problemático pensé que sería el de los momentos de cabreo, de mucho cabreo, casi de ira. Probablemente son éstos los momentos más críticos, habida cuenta de que se produce un estado de ánimo en el que uno es capaz de cualquier cosa hasta el extremo de echar a perder 50 días de esfuerzo, o sea, de volver a fumar. Bueno, pues parece que ni así, aunque a veces dan ganas, eh? Más. Si alguien se pregunta por el cigarrillo de “después de”, ahí no tengo problema porque hace mucho tiempo que no… que no fumo en la habitación, malpensados. Otros malos ratos suelen darse en los momentos de aburrimiento, al coger el coche por ciudad o al salir de mis clases. Pero de momento, está todo controlado. Lo que no termino de controlar a veces es el tic de echarme la mano al bolsillo de atrás del pantalón para sacar el paquete de tabaco, sobre todo cuando me siento al ordenador. Algunos rituales son difíciles de olvidar…
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