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Veda, coto, reserva…

Sin CityAcabo de regresar a casa. Había salido a tomar unas cañas para palpar el ambientillo que se cocía por ahí con el asunto de la Ley Antifumadores y en los bares que he visitado -todos de fumadores, por supuesto- más que humo, hoy se respiraba cierto tufillo de clandestinidad, olía a perseguidos, a gente furtiva encendiendo sus cigarrillos en el único sitio caliente que les deja la puta ley. Aire de restricción, de ilegalidad, de prohibición, de ley seca, de gueto… Ahora me huele la ropa a tabaco. Y me encanta. Fumad, malditos, maldecidos por la puta ley, seguid fumando. Al menos, hacedlo por mi.

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