Luis Buñuel, director de cine

Si el diablo me ofreciera recobrar lo que comúnmente se llama virilidad, lo rechazaría. “Mantenga mi hígado y mis pulmones en buen estado”, le diría. Así podría seguir fumando y bebiendo.

Volver

Volver - AlmodóvarHace poco confesaba cómo había fumado el día antes de los inocentes, el día cuadragésimo del año, y también durante mi viaje a los campamentos de refugiados Saharauis en Tinduf a principios de este mismo mes de marzo. Este pasado sábado, he vuelto a repetir la experiencia de encender un par de cigarrillos tras una cena familiar y temo haber llegado a un punto cercano al de no retorno, temo echar por la borda un año y, sí, temo volver a fumar (también temí devolver, el tabaco rubio me sigue mareando, como en la adolescencia). Así que he tomado la firme e irrevocable indecisión de no saber qué hacer. ¿Seguir fumando tan ocasionalmente como ahora, desde diciembre para acá? Tsk, tsk… el espacio temporal entre cada cigarrillo se va haciendo cada vez más corto. Peligroso. ¿Volver a fumar? No, al menos voluntariamente. Sí, acaso, como producto de esta firme e irrevocable indecisión. ¿Negar cualquier cigarrillo de esos y volver a proponerme firmemente no volver a fumar un maldito cilindro durante al menos los próximos dos años? Esto. Esto sí. Es que me da pereza cambiar el título del blog. Aprovecho la ocasión para prohibir a mis camellos que me proporcionen más tabaco, prohibición inútil, que sé que soy muy pesado y además doy mucha pena cuando me arrastro de rodillas y llorando lastimosamente.

Ah, la película de Almodóvar es una birria.

Las selecciones de personal hoy


Smoking Room (2002)

No es la primera vez que en este blog mencionamos las selecciones de personal:

Emile Zola, escritor

La perfección es tal fastidio que, a menudo, lamento haber dejado de fumar.

Kent


Buenas noches y buena suerte (2005)

Catherine Tramell (Instinto básico)

Matar no es como fumar. Se puede dejar.

Catherine Tramell (Instinto Básico)

¿Kale borroka?

Kale Borroka
No. Una tormenta de arena.

Sí, he fumado en el Sáhara

American Legend¿Qué pasa? Allí no lo tienen prohibido, ni siquiera dentro de las haimas. Eso sí, allí estabamos nosotros, los avanzados occidentales, para que Hussein recibiera la mirada asesina de Lucía cuando le echó el humo a la cara sin haber terminado de comer, o para que Chej no se librara de la reprimenda de Clara cuando le estaba intentando curar una herida en la boca. “Lo primero que tienes que hacer es dejar de fumar”, le dijo. Él, como buen fumador, se dió la vuelta y salió corriendo sin esperar a que le curara. Normal. Clara, además de médico, era la única fumadora de nuestro grupo.

En los campamentos, casi todo el mundo fuma American Legend, que ’sólo’ les cuesta 50 céntimos la cajetilla ó 2 euros el cartón. Estos precios los pongo en duda, ya que mi fuente, Salek, no era muy fiable que digamos. Y es que fue Salek quien también me dijo que el domingo el Barça había ganado 5-0 al Chelsea, lo cual me pareció un poco extraño -por ser domingo, no por el resultado-, que Braveheart estaba protagonizada por Antonio Banderas, y que Lucía se parecía a Antonio, un amigo suyo de Zafra (Badajoz) donde había estado trabajando durante dos meses. Legend, como así lo abrevian allí, es un rubio bastante suave, lo cual invitaba a un exfumador ya deshabituado como yo a atreverse a probarlo. La arena de los campamentos estaba llena de cajetillas vacías de Legend, y tampoco me resistí a hacer una foto a una. Pero yo, sobre todo, fumé Lucky, que era lo que mi camello en el desierto, Clara, me proporcionaba allí. Los escasos cigarrillos, cuatro nocturnos como máximo y, eso, el último día, siempre estaban acompañados de unos traguitos de Cardhu en petaca, y de mis lexatines. Así de bien he dormido en el Sáhara. “Ahí van los yonkis”, decía Carmen, incorporada al viaje a última hora, cuando, después de cenar, nos veía salir de la haima cargaditos de drogas blandas.

Para vuestra tranquilidad, después de la noche del día 7, la última allí, no he vuelto a fumar nada. Ni siquiera de la pipa (tuba) que allí compré y que tengo que probar un día de estos.

Reubicándome

Me hubiera quedado una semana más. O, tal vez, toda la vida, quién sabe. No. Seguro que no. Pues sí, así estoy, reubicándome en mi mundo, el que me ha parido, ese que genera noticias que ahora no me apetece leer, oir o ver. Paso de todo. Hasta me he acostumbrado a dormir sin radio. Sí, estoy en ese momento -fugaz, lo sé- en el que todo lo de aquí me resbala. Ahora sólo estoy yo y mis niñas saharauis, las que sonreían o se escondían a mi paso, las que me buscaban y las que me huían, las que buscaban mi mirada y luego, encontrada, la rehuían. Las que me pedían caramelos y las que no. Heila, Hadu, Miki, Hendu, Ebneta… también la hermana de Vía y todo el resto, todas las sin nombre. También había niños como Hussein, de 15 años, que lloraba desconsoladamente en el momento que nos íbamos y al que tuve que pedir un abrazo para que no me viera llorar. Como Chej, que hasta el penúltimo día no quiso dedicarme una sonrisa para una foto, como si me la hubiera estado reservando toda la semana. Como Vía, que no podía dejar de sonreir jamás.

He vuelto…

… sin ella, sin Hendu.

Hendu

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