Un misterio

Un sacerdote logró abandonar el tabaco y a los pocos días dejó de creer en Dios. Colgó, pues, los hábitos y consiguió trabajo como dependiente en una tienda de objetos religiosos.[...]Un día conoció a una mujer que se enamoró de él, pese a que le había contado su vida, sus adicciones anteriores, sus dudas. Al poco la invitó a su habitación y pasaron la noche juntos en la cama de hierro. Después de hacer el amor por primera vez, él se puso boca arriba, contemplando el techo del dormitorio con expresión ausente, y en lugar de fumar, que es lo que apetece en esos momentos, le dieron unas ganas incontenibles de creer en Dios. Creyó en Dios diez minutos, el tiempo de un Marlboro, y le supo mejor que el cigarrillo que encendemos al salir del cine.

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El artículo de Juan José Millás, extraído del libro Cuerpo y prótesis, está integramente reproducido en su web.

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