¿Se puede fumar en un confesionario?

Escribía el cura Mantero, aquel cura gay, allá a finales de 2005:

La máquina penitencial católica por excelencia cumple dos restrictivas condiciones que avalan el no de Sanidad: primeramente, se trata de un lugar cerrado de trabajo, con menos de cinco metros de superficie; segundamente, es sitio de atención a cierto tipo de público. Observen su parecido con la cabina onanística de un sex shop. Con lo cuál, se me van olvidando de la tentación tabáquica, tanto confesor como penitentes, y a lo que están. Pero, ¿y si se trata de esos confesionarios portátiles, con apenas silla y celosía, que pueden enclavarse al aire libre durante romerías, manifestaciones o similares eventos? No me toquen las meninges.

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