Camareros funcionarios
Hay quien dice que a los funcionarios no les pagan por pensar. Este cuento apócrifo podría ser la prueba:
—Buenas noches. ¿Mesa para seis, por favor?
—¿Han hecho reserva?
—No, pero ya hace veinte minutos que nos han dicho que hay una mesa para seis en la terraza.
—Uffffff. Pero ya está ocupada, si llevan ustedes aquí veinte minutos tenían que haberlo dicho antes —contestó el jefe de comedor con gesto contrariado. De todos modos, vamos a ver si tenemos algo libre… ¡Sí! Han tenido ustedes suerte. Acompáñenme, por favor.
—Muchas gracias -dijo Andrés con alivio mientras encendía un cigarro.
—Ah, pero son ustedes fumadores. Entonces les tengo que dar otra mesa, porque esta es la terraza interior de no fumadores.
—Es igual, no fumamos.
—Pero ustedes son fumadores.
—Pero no vamos a fumar.
—Verá, tienen ustedes razón, y yo les daría la mesa encantado, pero el protocolo habla sólo de fumadores y no fumadores, no de fumadores que no fuman. De modo que, como ustedes son fumadores, tengo que colocarles en esa zona.
—¡Pero no pensamos fumar, así que es como si fuéramos no fumadores!, contestó Andrés tratando de contener la ira.
—Mire, caballero: yo me limito a cumplir las normas. El procedimiento dice que los fumadores deben comer en el salón de fumadores, y no distingue entre fumadores que fuman y fumadores que no fuman. Y usted es fumador, ¿no es así?
—De acuerdo. Dénos una mesa donde sea pero ya, por favor.
—A ver si tenemos libre algo en el salón de fumadores de la terraza interior… ¡Sí, vuelven a tener suerte! Acompáñenme.
Ya acomodados donde les había indicado el jefe de comedor, un camarero colocó seis ceniceros, uno para cada comensal, sobre la mesa.
—A mí me lo puede retirar, que yo no fumo -dijo Silvia.
—Disculpe ¿no fuma la señora?
—No.
—Pues me temo que está usted en la zona de fumadores.
—Porque mis acompañantes son fumadores.
—Pero usted no.
—Pero vengo con ellos.
—Pero usted no fuma. Le voy a tener que pedir que abandone la sala y se dirija a uno de los comedores de no fumadores.
—¿Disculpe? Será una broma…
—Mire, señora: yo me limito a cumplir las normas. El procedimiento dice que la sala de fumadores está destinada a los fumadores, y usted no es fumadora ¿no es así?.
—Esto ya es demasiado. Llame inmediatamente al encargado.
—Está usted en su derecho, pero yo no estoy autorizado a avisar al encargado. Debe dirigirse al camarero de caja, que le conducirá hasta el metre, quien le informará sobre cómo solicitar una reunión con el encargado.
—Es igual, déjelo —espetó Silvia al borde de la desesperación—. Era todo una broma. Sí que soy fumadora.
—¿Sí?
—Sí.
—Pues yo no veo que fume.
Silva cogió el tabaco de Inés, prendió un cigarro y aspiró una fuerte bocanada entre toses y esputos.
El cuento completo llamado Los aviesos camareros funcionarios se puede leer en Animalario.
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Dios mio me muero por un cigarrillo! Pero me lo tengo prohibido, por eso visito tu blog de vez en cuando y funciona : Me quitas el mono.
¿Por qué te quito el mono? ¿Tanta pena doy?