Matar un ruiseñor: el libro y la película V
—Da la vuelta y ven aquí hijo, tengo algo que te va a calmar.
Como el señor Dolphus Raymond era un hombre malo, acepté su invitación a regañadientes, pero seguí a Dill. No sé por qué razón no creía que a Atticus le gustase que nos hiciésemos amigos del señor Raymond, y sabía perfectamente que a la tía Alexandra no le gustaría.
Toma —dijo, ofreciendo a Dill su bolsa de papel con las dos pajas—. Bebe un buen sorbo; esto te aliviará.
Dill dio una chupada a las pajas, sonrió, y luego chupó un largo rato.
—¡Eh, Eh! —exclamó el señor Raymond, visiblemente complacido de corromper a un chiquillo.
—Dill, ten cuidado —le avisé.
Dill soltó las pajas y sonrió.
—Scout, no es más que coca-cola.
El señor Raymond se sentó y apoyó la espalda en el tronco del roble. Hasta entonces había permanecido tendido en la hierba.
—No me delataréis ahora, ¿verdad que no? Si lo descubrieseis, arruinaríais mi reputación.
—¿Quiere decir que todo lo que bebe de esa bolsa es coca-cola? ¿coca-cola y nada más?
—Sí, señorita —confirmó el señor Raymon. Me gustaba el olor que desprendía, a cuero, caballos y semillas de algodón. Llevaba las únicas botas inglesas de montar que había visto en mi vida—. Es lo único que bebo la mayor parte del tiempo.
—Entonces ¿usted únicamente finge que está medio…? Le pido perdón, señor. —Me contuve a tiempo—. No pretendía ser… —El señor Raymond soltó una risita, sin mostrarse para nada ofendido, y yo intenté formular una pregunta discreta—: ¿Por qué actúa de ese modo?
—Bah…, oh, sí, ¿queréis decir por qué finjo? Es muy sencillo —contestó—. A ciertas personas no les… gusta mi manera de vivir. Bien, yo podría mandarlas al diablo, total, si no les gusta no me importa. Y eso se lo digo, en efecto, pero no las mando al diablo, ¿comprendéis?…
Dill y yo contestamos al unísono:
—No, señor.
—Yo procuro proporcionarles una explicación, ya lo veis. La gente se siente satisfecha si puede encontrar una explicación. Si cuando vengo a esta ciudad, que es muy raramente, muy de tarde en tarde, me bamboleo un poco y bebo de esa bolsa, la gente puede decir que Dolphus Raymond es un esclavo del whisky y por eso no cambia de conducta. No es dueño de sí mismo, por eso vive como vive.
—Pero no está bien, señor Raymond, que se fijan usted más malo de lo que ya es.
—No está bien, pero a la gente le resulta muy útil. Entre nosotros, señorita Finch, yo no soy un gran bebedor, pero ya ves que los demás nunca, nunca sabrían comprender que vivo como vivo porque es la manera en que quiero vivir.
Jesus’ blood never failed me yet
never failed me yet
Jesus’ blood never failed me yet
this one thing i know
that He loves me so
By Gavin Bryars
Comentarios
Haz un comentario







