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Sabina


Gracias, ceniza4a.

Matar un ruiseñor: el libro y la película VI

Transcribo lo que el sheriff Heck Tate le dice a Atticus tanto en el libro como en la película:

No existe ninguna ley que prohíba a un ciudadano hacer cuanto pueda por evitar que se cometa un crimen, que es precisamente lo que él ha hecho; pero quizá usted considere que tengo el deber de comunicarlo a toda la ciudad en lugar de silenciarlo. ¿Sabe lo que pasaría entonces? Que todas las señoras de Maycomb, incluída mi esposa, correrían a llamar a la puerta de ese hombre llevándole pasteles exquisitos. A mi manera de ver, coger al hombre que les ha hecho a usted y a la ciudad un favor tan grande y exponerlo a la luz pública, con su timidez… para mí, esto sería pecado. Es un pecado y no estoy dispuesto a cargarlo sobre mi conciencia. Si se tratase de otro hombre sería distinto. Pero con éste no puede ser, señor Finch.

¿Conocéis a algún Boo Radley?

Cada día eres más y más simple

Como te suelo leer y veo que cada día eres más simple, y ahora hasta te haces videos frikis… toma, un nuevo modelo especial para ti.

Mechero para tontos
En el episodio anterior…

Cigarrillos revolucionarios

Son cigarrillos franceses pero sólo se venden en Alemania. Raros que son los franchutes, mira. 

Cigarrillos revolucionarios 

¿Cuáles serían los equivalentes en España? ¿Salud y república? Como que no pega la salubridad… ¿Una, grande y libre? Antiguo… ¿Constitución y AVT? Más antiguo todavía… ¿Serrat y Sabina? Ya no fuman como antes… ¿Gibraltar español? Me la suda…

¿Me ayudan?

El mejor cigarrillo (de Billy Collins)

Hay muchos que echo de menos después de haber tirado el último por la ventanilla del coche haciendo chispear la carretera, una noche hace años. El inevitable, por supuesto: después de follar, las dos puntas incandescentes, ahora las luces de un único barco; al final de una larga cena con más vino por venir y un anillo de humo flotando alrededor de la lámpara de araña; o en una pálida playa, sosteniendo uno entre los dedos todavía húmedos después de un baño. Qué agridulces esas pausas de llama y gestos; pero el mejor era el de aquellas mañanas en las que tenía alguna pequeña cosa para ir a la máquina de escribir, el sol brillaba en las ventanas, tal vez Berlioz sonaba de fondo. Iba a la cocina a por café y de vuelta al papel, enroscado en el rodillo, encendía uno y sentía su seca ráfaga mezclada con el negro sabor del café. Entonces era mi propia locomotora, dejando tras de mi una estela mientras volvía a trabajar, pequeñas nubes de humo, indicadores de progreso, signos de diligencia y reflexión, la señal que explicaba que el siglo XIX avanzaba. Ese era el mejor cigarrillo, cuando humeaba en el despacho lleno de vaporosa esperanza y permaneciendo quieto, el gran faro de mi cara apuntaba a todas aquellas palabras en lineas paralelas. (Billy Collins)

También sin subtítulos para los angloescuchantes.

Eres más simple que el mecanismo de un mechero

Igual que toda la amplia colección de mecheros que me voy pertrechando desde que volví a fumar, éste también me lo ha regalado mi estanquero al comprarle el consabido cartón de Lucky. Dado que suele meter el mechero directamente en una bolsa junto con el tabaco, no me he fijado en la pegatina hasta que he llegado a casa y lo he sacado. Durante unos segundos me he quedado mirando la pegatina sin saber muy bien qué pensar. Luego, cuando he sabido qué pensar, he vuelto al estanco, me he asomado a la puerta y he gritado al estanquero: ¡¡¡Y tú más, jodido cabrón hijodeputa!!! Después he salido corriendo.

Mechero con instrucciones de uso
Éste es el puto mechero.

Nuevo Testamento

Bananas de Woody Allen (1971).

Marv, fumador compulsivo

Los cigarrillos que Marv se fuma en apenas media hora de película extrujados en medio minuto.

Matar un ruiseñor: el libro y la película V

—Da la vuelta y ven aquí hijo, tengo algo que te va a calmar.

Como el señor Dolphus Raymond era un hombre malo, acepté su invitación a regañadientes, pero seguí a Dill. No sé por qué razón no creía que a Atticus le gustase que nos hiciésemos amigos del señor Raymond, y sabía perfectamente que a la tía Alexandra no le gustaría.

Toma —dijo, ofreciendo a Dill su bolsa de papel con las dos pajas—. Bebe un buen sorbo; esto te aliviará.

Dill dio una chupada a las pajas, sonrió, y luego chupó un largo rato.

—¡Eh, Eh! —exclamó el señor Raymond, visiblemente complacido de corromper a un chiquillo.

—Dill, ten cuidado —le avisé.

Dill soltó las pajas y sonrió.

—Scout, no es más que coca-cola.

El señor Raymond se sentó y apoyó la espalda en el tronco del roble. Hasta entonces había permanecido tendido en la hierba.

—No me delataréis ahora, ¿verdad que no? Si lo descubrieseis, arruinaríais mi reputación.

—¿Quiere decir que todo lo que bebe de esa bolsa es coca-cola? ¿coca-cola y nada más?

—Sí, señorita —confirmó el señor Raymon. Me gustaba el olor que desprendía, a cuero, caballos y semillas de algodón. Llevaba las únicas botas inglesas de montar que había visto en mi vida—. Es lo único que bebo la mayor parte del tiempo.

—Entonces ¿usted únicamente finge que está medio…? Le pido perdón, señor. —Me contuve a tiempo—. No pretendía ser… —El señor Raymond soltó una risita, sin mostrarse para nada ofendido, y yo intenté formular una pregunta discreta—: ¿Por qué actúa de ese modo?

—Bah…, oh, sí, ¿queréis decir por qué finjo? Es muy sencillo —contestó—. A ciertas personas no les… gusta mi manera de vivir. Bien, yo podría mandarlas al diablo, total, si no les gusta no me importa. Y eso se lo digo, en efecto, pero no las mando al diablo, ¿comprendéis?…

Dill y yo contestamos al unísono:

—No, señor.

Yo procuro proporcionarles una explicación, ya lo veis. La gente se siente satisfecha si puede encontrar una explicación. Si cuando vengo a esta ciudad, que es muy raramente, muy de tarde en tarde, me bamboleo un poco y bebo de esa bolsa, la gente puede decir que Dolphus Raymond es un esclavo del whisky y por eso no cambia de conducta. No es dueño de sí mismo, por eso vive como vive.

—Pero no está bien, señor Raymond, que se fijan usted más malo de lo que ya es.

—No está bien, pero a la gente le resulta muy útil. Entre nosotros, señorita Finch, yo no soy un gran bebedor, pero ya ves que los demás nunca, nunca sabrían comprender que vivo como vivo porque es la manera en que quiero vivir.

Jesus’ blood never failed me yet
never failed me yet
Jesus’ blood never failed me yet
this one thing i know
that He loves me so

By Gavin Bryars

Inspiración

Un ejemplo más de inspiración surgida del liado de un buen cigarrillo.


Amanece que no es poco (Obra Maestra del Cine)

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