La chica de la curva
Anoche, al volver de trabajar, paré mi coche a una joven autoestopista. Era una chica delgada, de aspecto bastante frágil. Vestía un vestido blanco bastante liviano, estaba empapada por la lluvia y temblando de frío. Paré el coche, abrí la ventanilla y le pregunté dónde iba.
—Sólo quiero llegar a la ciudad —contestó—.
Le dije que subiera, que yo la llevaba. Al cabo de unos minutos tras reanudar la marcha, noté como ella comenzaba a levantar el brazo y extender el dedo índice con intención de señalar algo. Nos apróximábamos a una curva. Antes estaban señalizadas unas obras en la calzada y disminuí la marcha, pero una pequeña zanja mal tapada hizo que el coche diera un bote que abrió la tapa de la guantera, dejando al descubierto los papeles del coche, un paquete de Lucky a medio fumar y unos cedés. El brazo de la chica se detuvo a la altura de mis cigarrillos señalándolos con su dedo índice.
—Con eso me maté yo.
E inmediatamente desapareció como un fantasma.
—¿Será imbécil la niña? No está el tiempo como para ir andando a ninguna parte —pensé para mi—.
Y continué mi camino.
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Basado en la leyenda urbana de la chica de la curva, evidentemente.
Comentarios
6 comentarios en “La chica de la curva”
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A ver si va a ser ke el coche apestaba a tabaco…
Después de que se fue solo olía a azufre. Mamonaza.
Por cierto, qué tal vas con la mudanza? Ya has alquilado el camión? Ten cuidado con las curvas.
Nada, nada, cosas de la tendencia chorra en campaña electoral, ya sabes, cercana y puerta a puerta. Era la Salgado en camisón, fijo.
Dije “joven”.
Te iba a contestar que de noche todos los gatos son pardos, pero tú que tienes sabes que es mentira.
Vale, pues no sería la Salgado. Pero fuese quien fuese la joven, creo que algo te quería decir, no sé bien el qué, pero algo era :P