El pobre Rodrigo de Jerez

A Rodrigo de Jerez le salió todo mal: Partió en la Santa María, junto a Colón, rumbo a Las Indias, mas sólo consiguió llegar a América. A Europa regresó en La Niña fumando unas hojas secas, tal y como había visto hacer a los nativos de la isla de Guanahani. Al verlo regresar con esos humos, la Inquisición le encerró durante siete años, a pesar de lo cual, y como todos sabemos, fumar se hizo costumbre en el viejo continente. Para más inri, Rodrigo de Jerez tenía una esposa:

… a Rodrigo de Jerez, que se trajo un alijo en La Niña, le empuró La Santa Inquisición. ¿A quién se le ocurre echar humo por la boca en la puritana Ayamonte de 1492?. Sin embargo , y esto lo omiten los cronistas, mayor oprobio que la delación que le entregó al Santo Oficio fue que su mujer difundiera entre el vecindario que, entre el fragor de los viajes y la mordedura de los años, el robusto de antaño se le había trocado en panetela.

Lo contaba el otro día el cocinero y gastrónomo Abraham García.

Nos queda un consuelo pensando en el pobre Rodrigo: en el fondo tuvo suerte de vivir en aquella época. De haber vivido en la nuestra, de aquel viaje no habría regresado y le habrían abandonado en parecidas latitudes. Digamos en… Guantánamo.

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