Se terminó la película
Tras salir ayer a las tres de la tarde de casa de Tatu, he llegado hoy a la mía a las 8 de la mañana con tiempo solamente para dejar la maleta en el suelo e ir a trabajar. Sin dormir, sin duchar y sin Mbarka.
Ha terminado el V Festival de Cine del Sáhara, Fisahara 2008. El único festival con vocación de desaparecer.
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9 comentarios en “Se terminó la película”
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¿Desaparecer por qué?
Porque se celebra en un campamento de refugiados.
Qué linda Mbarka… qué bonita foto.
Largo viaje el de ayer. Yo aún no he aterrizado del todo.
Un abrazo,
Jimena
Desaparecer por qué? Le hacemos un croquis, viejuna?
La madre de dios, ayer me quedé perplejo con el bardem haciendose fotitos en el desierto cuan Sting agitanado y las cámaras sociatas dando fe del sindiós aquel.
Collejeó al Carmelo de mi parte? Se apretó a alguna saharahui entre peli y peli?
Seguro que fumó allí, verdad?? No lo niegue, Extru.
No, no fumé. Increíble, ¿verdad?
Jimena, creo que al final no me despedí de ti. Espero que ya hayas descansado… de la paliza de viaje que te di ;-)
(Oigan, Jimena es testigo de que, al menos en el avión, no fumé un cigarrillo y que me tomé la pastilla)
Soy testigo. Doy fe. Yo pregunté y juró no haber fumado en todo el festival… y mira que allí fuma toooodo el mundo.
No te preocupes, después de nuestra charla, nos quedamos fritos todos en el avión, menos los del concierto de primera clase… la llegada siempre es muy caótica y al final no me despido de nadie, pero es que no son horas…
Besos
Iba el Melendi en el avión y se echó unos regüeldos??
Es que en los festis se fuma mucho. La gente se pone muy nerviosa y no ve el momento de salir pitando por si le han entrado en el chalete de puerta de hierro.
Fuckin’ progres de pegolete.
Vd. no Extru, Vd. es auténtico.
Yo diría que, sobre todo, quienes más fumaban allí eran saharauis varones, y fumaban en el cine, tanto al aire como en lugar cerrado. Una lástima no fumar ya y no poder celebrar esa natural impunidad… Ellas no fuman, al menos a la luz pública, que todavía recuerdo mi primer año en el que, una noche sin luna, una saharaui salió de su jaima para pedirnos algunas caladas furtivas a los que sí lo hacíamos.