Canciones para volver a fumar: Volver
Yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos
van marcando mi retorno.
Son las mismas que alumbraron
con sus pálidos reflejos
hondas horas de dolor.
Y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor.
Sí, he vuelto a fumar. Pueden zarandearme, abofetearme e insultarme en los comentarios, incluso pueden darme la enhorabuena. Gracias.
Mi estanquero está vivo
Nos hemos visto de lejos y hemos reparado el uno en el otro. Cuando estaba apenas a unos metros de mi, unos hombres con gafas y traje oscuros le han cogido en volandas y metido en un coche.
Hace un par de semanas escribí este texto inspirado en no sabía muy bien qué, pero este último fin de semana, volví a ver casualmente ese pedazo de película llamada El Show de Truman y todo cobró sentido. Demasiado sentido.
Canciones para no dejar de fumar: Gethsemane
I only want to say / if there is a way / take this cup away from me / for I don’t want to taste its poison / feel it burn me / I have changed I’m not as sure / as when we started / then I was inspired / now I’m sad and tired / listen surely I’ve exceeded expectations / tried for three years / seems like thirty / could you ask as much / from any other man?
Con ustedes, 33 años y un montón de falsetes después, Ted Neeley, el único y verdadero mesías, interpretando, de nuevo, la oración en el huerto. Pónganse de rodillas para escucharlo.
Un día es un día
Es lo que suele decir un buen fumador exfumador en cualquier boda. Un día es un día. Pero después de tantos tropezones seguidos… se hundía, se hundía. Homenaje a Martes y trece:
¿Me toca la pastilla? A propósito, hace poco leí esta frase de Samuel Goldwyn:
Cualquiera que vaya a ver un psiquiatra debería hacerse examinar la cabeza.
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PD: Llevo dos días sin tropezar.
¿Tutto o Muette?
Extorsión. Me obligan a confesar nuevos tropezones a cambio de no dar el chivatazo en los comentarios. Josdeputa.
Un pitillito el miércoles, tres ayer viernes. ¿Motivos? Ya lo avisé. Esta vez la rubia tenía que iniciar sesión en su cuenta de correo electrónico. Para escribir su dirección de correo y su contraseña correctamente empleó nada menos que 20 insufribles minutos. Pensaréis: “Se le había olvidado la contraseña o se había dejado bloqueadas las mayúsculas…”. Pues no. Era incapaz de escribir correctamente su dirección de correo electrónico. En unas ocasiones le faltaba una letra, en otras la arroba, en otras le sobraban. Algo nada difícil de salvar si no fuera porque la rubia es de esas personas incapaz de corregir únicamente el error cometido; borraba todo y volvía a escribir la dirección completa, con lo cual las posibilidades de volver a equivocarse nunca disminuían.
Afortunadamente la tortura ya ha terminado y no tengo que volver a ver a la rubia nunca más. Pero tras estos tropezones estoy en una complicada disyuntiva: ¿Tutto o Muette?
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Segunda imagen vía Mikel, vía Microsiervos.







