Arrabalescos y Jaculatorias

El Mundo, 13 de Enero de 2008, edición impresa. Arrabalescos y Jaculatorias de Fernando Arrabal. (Los enlaces son míos y las ilustraciones las encontré en la web).

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Doctor Petiot: Alcalde socialista de Villeneuve-sur-Yonne y consejero general de la provincia de 1927 a 1935. Durante la Resistencia Francesa alcanzó el rango de capitaine Valéry. Culpable, según sus jueces, de haber asesinado a 27 inocentes, reivindicó haber «ejecutado a 63 colaboradores nazis o fascistas». Fue guillotinado el 25 de mayo de 1946 después de fumar el tradicional cigarro, con fruición, estilo y regodeo. Anunció con sus últimas palabras: «Soy un viajante que se larga con sus maletas». Y el verdugo recogió el trofeo: la colilla de su último cigarro de reliquia, joyero o tahalí.

Landru: Henri-Désiré Landru. Sus verdugos le despertaron al alba del 25 de febrero de 1922 para conducirle a la guillotina. Según la Justicia francesa era culpable de haber asesinado a 11 mujeres de 1915 a 1919. «Si las damas que conocí tienen algún reproche que me lo comuniquen por carta certificada». La mañana de su ejecución se vistió con esmero de buen tono. Declinó beber el legendario vaso de ron y asistir a la consagrada misa. Tampoco quiso fumar el último cigarro; con parecido argumento del utilizado por los gobernadores de los pasillos de la muerte: «No quiero, en este trance, dejar una atmósfera apestada de humo».

‘Primer cigarro’: En 1911 el Tribunal de París condenó por atentado al pudor al dibujante Poulbot. El delito: su chaval de Montmartre en uno de sus dibujos se fumaba el primer cigarro. Willette apostrofó al acusador (el senador Jean Béranguer alias Père-la-pudeur): «Estupendo: su Santa Liga, disparando a cañonazos carcas, ha alcanzado el centro de la diana cretina».

Poulbot

Preservativo: Estuche en forma de dedo de guante elástico promocionado por los departamentos de Propaganda de los estados metementodo. El condón con gusto de tabaco forma parte de las novedades de la nueva serie de Hindustan Latex. Es el aroma preferido por las prostitutas indias. Antes, las gomas perfumadas con plátano o chocolate, eran las especialidades favoritas de las clientes de la empresa de Poojappura. La mayoría de estas trabajadoras indias mastican paan (fabricado con hojas de tabaco) para «soportar el nauseabundo olor a orina de los sexos de nuestros repugnantes clientes».

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Jaculatorias (eyaculaciones, del latín jaculari) clásicas vertidas en muy libres arrabalescos:

«El tabaco procura un placer activo enriquecedor del ser y de su dinamismo, mismo», Spinoza.

«Sólo fumar evita pensar. Sólo morir evita desbarrar», Schopenhauer[***].

«El tabaco forma una cohorte trotamundos que mantiene nuevos sobrecogimientos y pensamientos incluso cuando no son vagabundos», Kant[***].

«Luego de retocar las fotos del fumador Sartre recortaremos las de Churchill y Magritte[***]».

Sartre, Magritte y Churchill fumando

«Quien vegeta sin fumar no merece vivir: es la pasión del discreto. No hay nada como el tabaco, a pesar de lo que pudieron decir Aristóteles[***] y toda la filosofía. El tabaco instruye al alma, purga el cerebro e inspira honor y virtud», Sganarelle (Don Juam) de Molière.

«El tabaco es el medicamento universal», Francisco Hernández, médico de cámara del universal Felipe II.

«Después de almorzar sirvió (a los invitados) mi amada criada [¿o fue mi mujer? (nunca se le cayeron las sortijas)] una pipa ensortijada de tabaco holandés», Karl Marx.

«El miércoles a las 19h.29 horas Javier Esteban[***] presentará en Off Limits (Escuadra 11, Madrid) su indispensable e irrecusable Manifiesto libertario contra la prohibición (Ed. Amargord).

Otro arrabalesco: Bad Doctor[0°]: «quien no olvida fumar cae en el Alzheimer; pero al caer en la enfermedad olvida fumar».

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La transcripción se la debo a la BBC, que en castellano quiere decir Cuerpo de Bomberos Burgalés. Supongo que no necesito explicar que las siglas están al revés por esa manía de los ingleses de poner los adjetivos antes que los nombres, circular por la izquierda, utilizar la libra y tener una reina que habla en latín cuando las cosas le van mal.

Yo he venido a hablar de tabaco

Francisco Umbral no fumaba y se ha muerto.

El tabaco (1994):

La España real es de tabaco negro y tos trascendental. A ese español que tose y calla, que lo dice todo en una tos, porque los palabrones de la política le han robado las palabras, a ese español atónito, godo, mísero, árabe, cachicán de su pobreza, le han subido el tabaco.

Sólo fumadores (1996):

Yo soy un colillero que ando por los bares y los ceniceros buscando colillas con rodete de carmín y me fumo la colilla porque sabe a beso de desconocida.

Fumar o no fumar (1997):

No fumo, pero me gustaría besar a la fumadora.

Yo, fumador pasivo (1997):

Las mujeres más bellas del mundo se están viendo abandonadas de sus amantes, novios, maridos y concuernos por el vicio de fumar. Yo me ofrezco para fumador pasivo de alguna supergachí porque soy ecuánime, equidistante, objetivo e imparcial. No me importa que fume incluso en la cama, porque tiene que haber cama.

Fumar o no fumar (1999):

Estoy por decir que Bogart lo único que tenía de actor es que fumaba bien. Y que se ligó a Lauren Bacall.

Aznar se fuma un puro (2002):

Aznar, aunque es fumador de puro, prohíbe fumar en los consejos por no molestar a los ex fumadores o gente que no ha fumado nunca. Cuando preside Rajoy, por ausencia del jefe, el vice saca su puro churchilliano y se abre la veda del tabaco. Así, unas sesiones, o sea, son límpidas de sol velazqueño y otras son confusas y emboscadas en humo.

La ruta del tabaco (2003):

Aparte los muchos peligros que amenazan la quebradiza existencia humana, el hombre necesita de un veneno mortal como el que llevaban los grandes reyes antiguos en un anillito del dedo meñique. Disponer de la propia muerte es disponer de la propia vida.

Gordos y fumadores (2003):

Ningún hombre llega a nada si no empieza a fumar a tiempo. Yo no empecé nunca y por eso no he llegado a nada.

Elogio estético del tabaco (2003):

Sin tabaco no habría galanes como Humphrey Bogart o Gary Cooper. Sin galanes como éstos no habría película, sin película no habría cine y sin cine no habría penumbra donde meter mano a la novia los domingos.

Tabaco y alcohol (2004):

A nuestro compatriota le dicen que fumar es malo para la salud, y de mal gusto, se lo presentan como un vicio nacional. Entonces le sale el torero que lleva dentro y hace del tabaco un asunto de vida o muerte, pero de vida o muerte del toro, naturalmente, ya que él ha fumado toda la vida y nada. Se conoce que los toros fuman demasiado de lo que les da el ganadero y por eso echan sangre por la boca. En las clases populares es aún más ensañada la pelea y el que deja de fumar empieza a parecer mariconzón, como dice Fidel Castro.

Tabaco pobre (2004):

El tabaco da cáncer, pero a los pobres más que a los otros. El tabaco es selectivo, o bien ensañado y pecaminoso. Mata a los pobres y alegra la larga vida de los fastuosos con un puro. Esto está demostrado sociológicamente y es lo que indigna a todo el roperío de la pobreza con humo del fumaque que mata. Mientras las cosas sean así la OMS ya puede seguir pasándonos avisos a los tiesos y a los del tabaco pobre. Aquí se muere el que se tiene que morir, porque el ateísmo es una forma difícil de vivir.

Fumata blanca (2005):

La fumata blanca del Vaticano es el humo del Espíritu Santo que allí abajo se lo están guisando como paloma. La fumata negra es como si Dios Padre se hubiera sentado a fumarse una pipa mientras los cardenales deciden quién le va a representar a El en la Tierra y ante los embajadores del Tercer Mundo, que todavía huelen a tribu y asesinato de Dios, o sea al sudor de la sombra de Caín.

Rajoy se fuma un puro (2005):

Estuve toda la noche observando a don Mariano a distancia y aprendí cómo se puede asustar al enemigo con señales de humo de puro, burlándose luego del nacionalcapitalismo con el detalle financiero de apagar el puro para hablar y guardárselo para luego. Con el techo blasonado de bajorrelieves de humo dorado se dicen cosas más importantes o más insolentes. Pero lo más detallista es volver a encender la colilla y fumársela con apetito y estilo ferroviario. El primer alarde es para acollonar a los mandas y el segundo para dar un corto de lo que es un obrero cabreado con una colilla de puro.

La economía y el tabaco

Walter Williams -por lo poco que le he leído, parece un ultra-neo-liberal de profesión- escribe en Libertad Digital un artículo llamado La economía y el tabaco que me ha resultado curioso por motivos obvios que no es preciso aclarar, pero también porque he estudiado economía y porque, como profesor, me gusta leer a gente que se expresa pedagogicamente. Sin su permiso ni el de LD, transcribo un extracto bastante amplio:

[...] El costo de que los no-fumadores impongan su voluntad a los fumadores en restaurantes, bares o aviones es cero o está muy cerca del cero. Sólo tienen que lograr que el Gobierno imponga lo que ellos quieren. Cuando el coste de algo es cero, la tendencia es que la gente use ese algo de forma exagerada. Usted puede creer que el aire nunca puede estar suficientemente libre de humo, pero hagamos una pequeña prueba. Digamos que su automóvil se queda sin gasolina, en algún lugar solitario, en medio de una tormenta y usted me hace señales para que pare y lo ayude. Yo lo hago, pero le digo: “Tendré mucho gusto en llevarlo conmigo, pero yo fumo en mi coche”. ¿Qué probabilidad hay de que usted rechace mi oferta de ayuda para evitar el humo de mis cigarrillos?

Usted dirá: “pero es que eso es diferente”. No, no es diferente. Lo que sucede es que no está dispuesto a pagar un precio tan alto por un ambiente sin humo de cigarrillos.

Digamos que usted no deja que la gente fume en su casa, pero durante mi visita le ofrezco 100 dólares por cada cigarrillo que me permita fumar. De forma instantánea aumenté el coste de mantener en su hogar un ambiente sin humo de tabaco. Puedo, desde luego, aumentar mi oferta y, según las predicciones de la teoría económica, tarde o temprano le ofreceré un precio que no querrá rechazar, pensando que mantener un ambiente 100% libre de humos no vale tanto.

Ambientes que estén 100% libres de humo de tabaco o 100% llenos de él son probablemente situaciones extremas que no son óptimas. Cuando el precio es cero, tendremos demasiadas o poquísimas personas fumando. El problema en nuestra sociedad actual es que las leyes han creado demasiados ambientes sin humo a coste cero, y la culpa de ello, en gran parte, la tienen los fumadores, que no han impuestos costes al aire sin humo de tabaco.

Pondré un ejemplo. Hace bastantes años, un congresista del que no voy a dar el nombre me invitó a dar una conferencia a algunos miembros del personal. Le pregunté si le importaba que fumase durante mi conferencia, a lo que me respondió mencionando la norma antitabaco del Congreso. Yo le contesté que, si no estaba permitido fumar, yo no daba la conferencia. El congresista prometió que avisaría a Seguridad de que yo podía fumar, y di la conferencia. He hecho cosas parecidas en otras ocasiones. Respeto que tanto personas como organizaciones tengan sus normas, pero yo también tengo las mías. [...]

¿Se puede fumar en un confesionario?

Escribía el cura Mantero, aquel cura gay, allá a finales de 2005:

La máquina penitencial católica por excelencia cumple dos restrictivas condiciones que avalan el no de Sanidad: primeramente, se trata de un lugar cerrado de trabajo, con menos de cinco metros de superficie; segundamente, es sitio de atención a cierto tipo de público. Observen su parecido con la cabina onanística de un sex shop. Con lo cuál, se me van olvidando de la tentación tabáquica, tanto confesor como penitentes, y a lo que están. Pero, ¿y si se trata de esos confesionarios portátiles, con apenas silla y celosía, que pueden enclavarse al aire libre durante romerías, manifestaciones o similares eventos? No me toquen las meninges.

Entre el atraco y la estafa

Me lo ha envíado un amable lector:

[...] Que las leyes prohíban, o impongan, actos por nuestro propio bien dejó de ser legítimo ya en 1789, al reconocerse los Derechos del Hombre y del Ciudadano, gracias a lo cual en vez de súbditos-párvulos empezamos a ser tratados como mayores de edad autónomos. Y es llamativo que en un momento tan sensible al respeto por muy distintas minorías cunda un desprecio tan olímpico hacia la única minoría que se acerca a una mayoría del censo. Sólo se entiende, de hecho, considerando la tentación de convertir los estados de Derecho en estados terapéuticos, legisladores sobre el dolor y el placer, donde lo que antes se imponía por teológicamente puro pueda ahora imponerse por médicamente recomendable.Con todo, la sustancia del atropello no cambia al sustituir sotanas negras por batas blancas. [...] Lo arriesgado es que la ley saque los pies del tiesto, lanzándose a proteger a los ciudadanos de sí mismos, como si la sociedad civil pudiera administrarse a la manera de un parvulario. Cuando nos atracan entregamos el botín a disgusto, conscientes de padecer una agresión. Cuando nos estafan lo damos a gusto, imaginando hacer un buen negocio. Pero es estafa, y no buen negocio, cargar con planes eugenésico-paternalistas que siempre aúnan despotismo con frivolidad.

Extraído de Los fumadores, entre el atraco y la estafa de Antonio Escohotado, artículo en el que también propone “actos de pacífica desobediencia civil en cada país, como encender todos los días varios millones de cigarrillos a cierta hora, que prometen tanta fiesta para los rebeldes como impotente consternación en el gendarme higienista“. ¡¡Por supuesto!! Bastante más divertido que apagar una luz o un móvil, sin duda.

Gracias, Armando.

Con “T” de tabaco

Creo que la única manera de acabar con los estudios de Hollywood, si alguien estuviera interesado en ello, sería llevarlos a los tribunales por la promoción del cigarrillo llevada a cabo entre los treinta y los sesenta, en vez de perder el tiempo pleiteando contra las compañías tabaqueras, absolutamente inocentes, que no han hecho sino cumplir con aquello para lo que habían sido creadas: fabricar y vender cigarrillos. Pero la verdadera culpable de tanto cáncer de pulmón no es otra que Hollywood, que durante décadas ha glamourizado el fumar y lo ha introducido de forma subconsciente, como paradigma de la pose hoeroica, en los frágiles cerebros de los espectadores.

Pero mucho más grave aún que habernos hecho adictos al tabaco, es la nueva campaña paralela y parapolicial contra el pobre fumador, su antigua víctima. El Hollywood actual, en un 90% brazo audiovisual del nuevo orden mundial, ha decidido identificar fumador no ya con villano, lo cual podría ser hasta excitante, sino con violador de niños, asesino en serie, narcotraficante sudamericano y otros modernos superhéroes. Así, según el nuevo código en vigor dictado por los últimos manuales de psicología recreativa, los buenos han dejado automáticamente de fumar y los malos fuman. Si los malos son muy malos, como el capitán Garfio de la estúpida Hook, fuman dos puros a la vez gracias a una boquilla bífida. Si el héroe es alguien que camina indeciso por esa línea fina que separa el bien y el mal, tipo el Michael Douglas de Instinto básico, estará intentando dejarlo. El que lo consiga o no, estará en función de hacia qué lado de la línea se decante. El colmo de todo esto serían los malos del futuro que imagina Waterworld, que además de fumar como descosidos, son conocidos como Smokers.

En un futuro, un tercer paso en el descenso a los infiernos sería no proyectar nunca más las películas clásicas en las que tanto se fumaba. Como la mayoría son en blanco y negro, no se perdería tanto. Y los jóvenes cinéfilos del mañana las verían en copias piratas y en proyecciones clandestinas. Claro que no hará falta llegar a tan lejos pues la tecnología actual nos permite, por fin, conseguir que Bogart deje el tabaco, medio siglo después de morir de cáncer de pulmón.

Extraído del libro “Mi diccionario de cine” de Fernando Trueba.

Más artículos sobre la Ley Antitabaco

Audrey HepburnFlavia Company, escritora, en El Periódico de Catalunya, a propósito del detenido de Navarra:

… puesto que la imaginación no tiene límites y la realidad aún menos, esta anécdota –la primera de muchas, seguro– da que pensar. Porque, ¿cuándo será detenida la primera persona por comerse una chocolatina en un espacio público o por ponerse demasiada sal en un plato que ya la contenía? ¿Dónde se establecerá dentro de algún tiempo el límite del derecho que tiene la ley sobre la libertad de los ciudadanos que deben respetarla? Con lo fácil que parece proponer que en todos los casos se utilice el sentido común. Pero claro, para tenerlo hace falta educación, y ése sí que es un campo en el que, en general, sea ha decidido no invertir.

En La Vanguardia, leemos a Josep María Fonalleras, para quien las obligadas salidas a la calle para fumar provocará relaciones adúlteras intra-fumadores, algo así como una endogamia del humo:

Al salir a la calle para dar la primera calada en el destierro, los otros comensales del restaurante los miraban con una mezcla de piedad y de desprecio, con una media sonrisilla de conmiseración y de prepotencia.

Estaban allí para ser vistos y analizados. En la puerta, ateridos, dieron con otros como ellos. Una de las consecuencias de la ley es la propensión a establecer nuevas amistades que el fumador va a experimentar cuando tenga que abandonar determinado local para fumar en el exterior.

Allí se va a encontrar con personajes de su calaña con los que mantendrá, al principio, conversaciones sin ningún interés, sobre la propia ley, sobre lo oprimidos que están los fumadores, sobre el resfriado que van a pillar. Poco a poco, después de tres o cuatro excursiones fuera de la nave, los astronautas fumadores cogerán confianza e incluso puede que acaben por intercambiarse los números de móvil. Él le dirá a ella: “No fumar en un estanco es como ir a la panadería y no darse el placer de comerse un mendrugo antes de haberlo pagado”. Y ella le contestará: “O como entrar en una tienda de ropa y no resistir la tentación de mirarte al espejo”. Él intervendrá: “¿Piensas dejarlo?”. Y ella: “Ahora, menos que nunca”. Y él: “¿Quedamos después de los entremeses? Y ella: “Cielos. A mí ya me traen los postres”. Y así, hasta llegar al adulterio.

Humphrey BogartLluís Bonet, también en La Vanguardia, escribe sobre el cine y el humo:

En Puro humo (Holy smoke), único libro que escribió directamente en inglés el llorado, reído, admirado y humeante (lo suyo era puro ingenio, es decir, vegueros) Guillermo Cabrera Infante aludía al personaje de Charles Chaplin en Luces de la ciudad: “Tratando de aprender a fumar un verdadero puro, Charlie prende fuego al vestido de noche de una dama y causa estragos en un restaurante elegante mientras era el invitado del rico”. Nada mejor que un imponente cigarro, y toda la ceremonia del encendido, para que el espectador supiera quién era el rico y quién el pobre, aunque éste apareciera bajo los rasgos de Chaplin/ Charlot, eterno perdedor. Nadie como Humphrey Bogart hizo del cigarrillo una parte de su personaje, y James Dean - ahora es innecesario-, un elemento de su rebeldía. ¿O cómo olvidar a Audrey Hepburn y su larga boquilla, más adorno femenino que tabaquista, en Desayuno con diamantes?

La intromisión que no para

Small laws are pieced together into huge tyrannies
“La idea antigua de que sólo las dictaduras eran totalitarias resulta ingenua, porque el totalitarismo consiste, sobre todo, en la intromisión de los Gobiernos en todas las esferas de la sociedad, en el afán de regularlo, controlarlo e intervenir en todo, de condicionar la vida de los ciudadanos e influir en ella, en no dejarles apenas márgenes de libertad y decirles cómo han de comportarse y organizarse, no sólo en lo público y común, sino asimismo en lo personal y privado. Y de la misma manera que se va perdiendo la creencia de que las diferencias entre particulares puedan dirimirse sin recurrir a un juez, y así los países se llenan de denuncias y pleitos, también se está perdiendo una noción importantísima para las sociedades libres, a saber: que no todo tiene que estar regulado y supervisado por instancias superiores; que el Estado no tiene derecho a opinar de todo y menos aún a dictar normas para cualquier actividad, iniciativa o costumbre. Y al perderse esa noción se le cede todo el campo al Gobierno de turno (lo que todo Gobierno desea), con la consiguiente renuncia de los individuos a sus criterios, su participación y su autonomía. Un suicidio.

En estas fechas ha entrado en vigor la –esta sí– dictatorial ley antitabaco, con la Ministra Salgado permitiéndose tratar a los ciudadanos como a menores de edad, al decir a los fumadores, entre otras cosas abusivas, que acabarán agradeciéndole que les prohíba fumar en tantos sitios.”

Así comienza el artículo de Javier Marías en el EPS de este fin de semana. Aquí sigue.

Fumar en el bar

Moncho Alpuente escribe:

… en mi bar de la esquina se fuma por aclamación y por expectoración y no hay más que echar una ojeada a los ceniceros rebosantes al final de una jornada para que a un no fumador militante, a uno de esos activos fumadores pasivos, le de un ataque y haya que reanimarle con un copazo. “No te alegres tanto, al año que viene irán también a por vosotros”, le decía ayer a pie de barra, don Eladio, fumador y abstemio a don Félix, un bebedor activo, fumador por pasiva, que lleva años de esforzada pero respetuosa cruzada para apartarnos del tabaquismo desde el frente del alcoholismo. “Se puede beber sin fumar”, repite a menudo don Félix.

… “Si por mí fuera, se irían todos a fumar a la calle”, dice Héctor y don Eladio tras consultar con el termómetro exterior que hoy no sube de los dos grados empieza a pensar en países tropicales en los que fumar al aire libre no signifique también riesgo de neumonía: “Seguro que la palmas por el frío y tu nombre pasa a engrosar la lista de víctimas del tabaco y encima con recochineo”.

Hoy, en El País, vía Escolar.Net.

Algunas opiniones sobre la Ley Antitabaco

José Aguilar en Huelva Información:

La ley, en efecto, se manifiesta invasiva e intervencionista en un ámbito que debería estarle vedado, aquel que se refiere al deseo de los fumadores de envenenarse sin atentar contra la salud de nadie, sólo de la suya propia. Es un deseo legítimo. Allá cada cual con los tóxicos que se mete en el cuerpo si no afecta a los cuerpos ajenos.

Únicamente desde el rigor de los conversos y el fanatismo de los salvadores del mundo se puede entender que los legisladores hayan abortado la mera posibilidad de que en las empresas de cierto tamaño el patrón y los trabajadores negocien la instalación de habitáculos para que los fumadores calmen su vicio o desarrollen su enfermedad. Con la ley en la mano se tendrán que aguantar o salir a la calle a dar unas caladas, disfrutando de unos minutos de holganza que, como es lógico, los no fumadores también querrán disfrutar.

[...]

Luego están los detalles prácticos: la prohibición de fumar en las bodas, la situación kafkiana de los camareros de bares para fumadores –el camarero que sea fumador no podrá fumar porque está en su lugar de trabajo; el camarero que no fume se tragará el humo de los clientes–, la más que probable discriminación de los fumadores en la selección de personal por las empresas… todo lo que iremos comprobando desde el 1 de enero.

Javier Blanco Urgoiti, del Club de Fumadores por la Tolerancia, en El País.

Cada vez que leo declaraciones públicas del doctor Rodrigo Córdoba, presidente del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo, me sorprendo más. La última vez, en su periódico (2-12-05), respecto a la noticia de la OMS y los fumadores, la libertad y la tolerancia, decía: “Una empresa tiene derecho a preferir a los no fumadores”. Claro, y sólo a blancos. Y sólo a hombres. Y no contratar judíos.

A Baltasar Porcel tampoco le gusta la nueva ley, en este caso porque la considera “floja”. Lo leemos en La Vanguardia

España ha aprobado la ley antitabaco. La civilización avanza - o sea, el respeto al otro, la responsabilidad personal, el promedio de vida- pese a las obcecaciones reaccionarias, la ignorancia, los turbios negocios tabaqueros. Y conste: es una ley débil, en California, por ejemplo, no se puede fumar ni en la playa.

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