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Cinco pájaros de un tiro

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Efectivamente, es lo que parece.

Felicitación navideña 2007

Vale, esta felicitación tiene ya un par de años, pero Mercedes Milá, Santiago Segura, Pilar Rahola y Al Gore bien lo merecen:

Matar un ruiseñor: el libro y la película V

—Da la vuelta y ven aquí hijo, tengo algo que te va a calmar.

Como el señor Dolphus Raymond era un hombre malo, acepté su invitación a regañadientes, pero seguí a Dill. No sé por qué razón no creía que a Atticus le gustase que nos hiciésemos amigos del señor Raymond, y sabía perfectamente que a la tía Alexandra no le gustaría.

Toma —dijo, ofreciendo a Dill su bolsa de papel con las dos pajas—. Bebe un buen sorbo; esto te aliviará.

Dill dio una chupada a las pajas, sonrió, y luego chupó un largo rato.

—¡Eh, Eh! —exclamó el señor Raymond, visiblemente complacido de corromper a un chiquillo.

—Dill, ten cuidado —le avisé.

Dill soltó las pajas y sonrió.

—Scout, no es más que coca-cola.

El señor Raymond se sentó y apoyó la espalda en el tronco del roble. Hasta entonces había permanecido tendido en la hierba.

—No me delataréis ahora, ¿verdad que no? Si lo descubrieseis, arruinaríais mi reputación.

—¿Quiere decir que todo lo que bebe de esa bolsa es coca-cola? ¿coca-cola y nada más?

—Sí, señorita —confirmó el señor Raymon. Me gustaba el olor que desprendía, a cuero, caballos y semillas de algodón. Llevaba las únicas botas inglesas de montar que había visto en mi vida—. Es lo único que bebo la mayor parte del tiempo.

—Entonces ¿usted únicamente finge que está medio…? Le pido perdón, señor. —Me contuve a tiempo—. No pretendía ser… —El señor Raymond soltó una risita, sin mostrarse para nada ofendido, y yo intenté formular una pregunta discreta—: ¿Por qué actúa de ese modo?

—Bah…, oh, sí, ¿queréis decir por qué finjo? Es muy sencillo —contestó—. A ciertas personas no les… gusta mi manera de vivir. Bien, yo podría mandarlas al diablo, total, si no les gusta no me importa. Y eso se lo digo, en efecto, pero no las mando al diablo, ¿comprendéis?…

Dill y yo contestamos al unísono:

—No, señor.

Yo procuro proporcionarles una explicación, ya lo veis. La gente se siente satisfecha si puede encontrar una explicación. Si cuando vengo a esta ciudad, que es muy raramente, muy de tarde en tarde, me bamboleo un poco y bebo de esa bolsa, la gente puede decir que Dolphus Raymond es un esclavo del whisky y por eso no cambia de conducta. No es dueño de sí mismo, por eso vive como vive.

—Pero no está bien, señor Raymond, que se fijan usted más malo de lo que ya es.

—No está bien, pero a la gente le resulta muy útil. Entre nosotros, señorita Finch, yo no soy un gran bebedor, pero ya ves que los demás nunca, nunca sabrían comprender que vivo como vivo porque es la manera en que quiero vivir.

Jesus’ blood never failed me yet
never failed me yet
Jesus’ blood never failed me yet
this one thing i know
that He loves me so

By Gavin Bryars

La televisión

Todo a pulmón

Todo a pulmón
Swapped with Lamarde.

Cada nota cada idea
cada paso en mi carrera
y la estrofa de mi última canción
cada fecha postergada
la salida y la llegada
y el oxígeno de mi respiración
y todo a pulmón, todo a pulmón
.

Anywhere I lay my head

Los armónicos de las voces roncas son la puta clave.

My head is spinning round
My heart is in my shoes, yeah
I went and set the Thames on fire
Now I must come back down
She’s laughing in her sleeve boys
I can feel it in my bones
But anywhere I’m gonna lay my head
I’m gonna call my home

Well I see that
The world is upside-down
Seems that my pockets were filled up with gold
And now the clouds
Well they’ve covered over
And the wind is blowing cold
I don’t need anybody
Because I learned, I learned to be alone
I said anywhere, anywhere, anywhere I lay my head, boys
Well I gonna call my home

Tom Waits. Anywhere I lay my head.

Juan Carlos Ortega y Redención

Niño, deja ya de jugar con el mechero

Prohibidos los mecheros que puedan usar los niños:

El Instituto Nacional del Consumo ha prohibido comercializar en España los encendedores sin dispositivos que eviten su uso por menores de cinco años, tal y como recoge una resolución que publica hoy el BOE. [...] Debe estar diseñado y fabricado de manera que no pueda ser accionado por menores, debido, por ejemplo, a la fuerza necesaria para ello o a la complejidad o la secuencia de las operaciones necesarias para encenderlo.

Es un consuelo saber que lo que han prohibido sean los mecheros que puedan usar los niños y no que los niños usen mecheros. También podrían haber optado por prohibir tener niños que usen mecheros, o prohibir padres que hagan niños que usen mecheros. Habrá quien diga que el título de esta anotación está mal, que con esto, lo que logra papá-estado es, precisamente, permitir que los niños puedan jugar con el mechero. Pero, ¿qué sentido tiene jugar con un mechero que no quema? ¿Es mejor así? Tal vez pero un poco tarde, dirá mi abuela, a la que quemé un extraño mueble cuando tenía unos 7 u 8 años. El hecho de que estudiar ya me aburriera a tan temprana edad, se juntó con un mechero, un tentador mueble que tenía una abertura parecida a la de un tradicional horno de leña, y unos periódicos. Ardió, vaya si ardió el dichoso mueble. Igual que ardió aquella papelera del colegio. Imaginad como estaría después de todo un día de clases, llena de papeles arrugados. Qué tentación.

Decía Serrat:

Niño, deja ya de joder con la pelota.
Niño, que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca.

Nos empeñamos en dirigir sus vidas
sin saber el oficio y sin vocación.
Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones
con la leche templada y en cada canción.

Niño, deja ya de joder con la pelota.
Niño, que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca.

Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día nos digan adiós.


Legendario vídeo de nuestra televisión que viene que ni pintado

La coartada de la enfermedad mental

Este corte de audio pertenece al antiguo y defenestrado programa La Radio de Julia (Otero), en concreto a aquella sección en la que Manuel Delgado hablaba de cine. Lo encontré en un cojón de sastre.

Dedicado a esos enfermos mentales llamados enamorados.

Filosofía en un restaurante

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