He vuelto a fumar

Sí. Un paquete, y algo más, de Lucky Strike diario. Con todo el vicio prototípico. Es que hacía tiempo que no escribía nada y no he encontrado mejor manera para volver a escribir en el blog que volver a fumar para luego volver a dejarlo. Bah, es mentira que sea por esto que he vuelto a fumar, ¿y qué? Creo que todo empezó el día que fuí a la fiesta de fin de curso de mis sobrinos. Es un colegio del Opus y desde que llegué, al ver a todas aquellas familias numerosas formadas por padres, madres, niños y niñas, tuve, lo juro, una inquietante sensación: la de que en cualquier momento iban a ponerse todos a cantar y bailar “Amo a Laura“. Bah, también es mentira que sea por esto, ¿y qué?

Sí, el pasado día 1 de Julio he vuelto a fumar. ¿Y qué? Pero mañana, día 1 de Agosto, lo dejo otra vez. ¿Y qué?

My mind is clearer now

Esa frase con la que empieza Judas su Heaven on their minds, la primera canción que suena en Jesucristo Superstar, me sirve para contar lo que me acontece ultimamente. Como sabéis, últimamente andaba fumando algún que otro cigarrillo esporádico los fines de semana, normalmente durante las partidas de póker que desde hace unos meses juego los sábados por la noche, arruinantes timbas en las que se llegan a poner sobre la mesa desorbitantes cantidades de dinero. No, no exagero, que en ocasiones llegamos a jugarnos hasta cuatro y cinco euros cada jugador. Yo, en más de una ocasión, he llegado a perderlo todo. Hasta la dignidad (nunca lo hubiera dicho: es más fácil perder la dignidad por cinco euros que por dos millones). Pero a lo que iba. Durante la última partida fumé algo más de lo habitual llegando al punto ese en que ya no se disfruta cada calada. Y eso no mola nada. Con lo que he decidido que voy a reducir drásticamente la ración y el momento. Fumaré solamente en aquellos momentos y circunstancias que me permitan saborear de forma óptima cada cigarrillo, desde la primera calada hasta la última, sin interrupciones, sin tener que soltar las cartas para encender el pitillo, sin dobles parejas ni trios que me distraigan, sin escaleras, de color o no, sin faroles. Joder, que el cigarrillo merece más atención, coño.

Cigarrillos y Copas de Europa

Hace 20 años fumé no menos de 15 cigarrillos para digerir los penaltis de la final de Sevilla. Hace 14 años fumé al menos 20 cigarrillos para aguantar los nervios de la final de Wembley. Hace 11 años fumé no menos de 25 cigarrillos para soportar la paliza de la final de Atenas. Hace 14 minutos me hubiera fumado un cigarrito al terminar la final de París.

¡¡¡Visca el Barça!!! ¡¡¡Vivan los Ducados!!!

(PD: Pero me lo fumaré mañana. Es por no bajar a comprar ahora y eso…)

Trece meses y un monólogo cruzado

—Anteayer hizo 13 meses que dejé de fumar.

—Es un decir, ¿no?

—La verdad es que sí, es mucho decir. Resulta raro decir eso cuando ahora fumo algún cigarrillo de vez en cuando. ¡Qué decepción! ¿No?

—No sé. El caso es que disfruto tanto de esos cigarrillos… Antes, fumando 60, no disfrutaba de ninguno de esa forma. No parece un fracaso absoluto.

—Pero… ¿cuánto fumas?

—Algún fin de semana, no todos, alguna ocasión especial, y sólo dos, tres, cuatro cigarrillos. ¿Eso es fumar?

—¿Eso es no fumar?

—Eso es lo que siempre me habría gustado hacer. Fumar por puro placer.

—¿Qué va a decir la gente que te lee? Tal vez haya mucho exfumador que haya venido leyéndote y que…

—Son mayorcitos…

—¿Y qué vas a hacer?

—No sé. ¿Alguien me garantiza que soy capaz de seguir así bajo cualquier circunstancia?

—¿Bajo cualquier circunstancia?

—Sí, me refiero a esas cosas que hacen que la gente vuelva a fumar un par de paquetes diarios.

—Ya, pero garantizar que no vuelvas a fumar… Extraña garantía pides, ¿no te das cuenta? Nadie te puede garantizar algo así, al menos en el sentido de darte seguridad o certeza. Garantía, garantía… se me ocurre que te hagas un seguro para que alguien te ‘repare’ en el caso de que vuelvas a fumar contundentemente…

—Absurdo… Entonces… ¿qué hago?

—No sé.

—Yo tampoco sé. El caso es que se te ve preocupado…

—Sí.

—¿Qué hacemos, lectores?

Un año

Hay que ser muy hijoputa. El año pasado ya me quitó protagonismo muriéndose el mismo día que yo dejaba de fumar. Pues hoy, justo el día que cumplo un año, va el polaco y se muere otra vez. Por sus santos cojones. Aquí está la prueba. Esta captura es de Google News a las 9:48 de la mañana de hoy. Juro que no es un montaje.

Google News - Juan Pablo II se muere otra vez

Volver

Volver - AlmodóvarHace poco confesaba cómo había fumado el día antes de los inocentes, el día cuadragésimo del año, y también durante mi viaje a los campamentos de refugiados Saharauis en Tinduf a principios de este mismo mes de marzo. Este pasado sábado, he vuelto a repetir la experiencia de encender un par de cigarrillos tras una cena familiar y temo haber llegado a un punto cercano al de no retorno, temo echar por la borda un año y, sí, temo volver a fumar (también temí devolver, el tabaco rubio me sigue mareando, como en la adolescencia). Así que he tomado la firme e irrevocable indecisión de no saber qué hacer. ¿Seguir fumando tan ocasionalmente como ahora, desde diciembre para acá? Tsk, tsk… el espacio temporal entre cada cigarrillo se va haciendo cada vez más corto. Peligroso. ¿Volver a fumar? No, al menos voluntariamente. Sí, acaso, como producto de esta firme e irrevocable indecisión. ¿Negar cualquier cigarrillo de esos y volver a proponerme firmemente no volver a fumar un maldito cilindro durante al menos los próximos dos años? Esto. Esto sí. Es que me da pereza cambiar el título del blog. Aprovecho la ocasión para prohibir a mis camellos que me proporcionen más tabaco, prohibición inútil, que sé que soy muy pesado y además doy mucha pena cuando me arrastro de rodillas y llorando lastimosamente.

Ah, la película de Almodóvar es una birria.

Sí, he fumado en el Sáhara

American Legend¿Qué pasa? Allí no lo tienen prohibido, ni siquiera dentro de las haimas. Eso sí, allí estabamos nosotros, los avanzados occidentales, para que Hussein recibiera la mirada asesina de Lucía cuando le echó el humo a la cara sin haber terminado de comer, o para que Chej no se librara de la reprimenda de Clara cuando le estaba intentando curar una herida en la boca. “Lo primero que tienes que hacer es dejar de fumar”, le dijo. Él, como buen fumador, se dió la vuelta y salió corriendo sin esperar a que le curara. Normal. Clara, además de médico, era la única fumadora de nuestro grupo.

En los campamentos, casi todo el mundo fuma American Legend, que ’sólo’ les cuesta 50 céntimos la cajetilla ó 2 euros el cartón. Estos precios los pongo en duda, ya que mi fuente, Salek, no era muy fiable que digamos. Y es que fue Salek quien también me dijo que el domingo el Barça había ganado 5-0 al Chelsea, lo cual me pareció un poco extraño -por ser domingo, no por el resultado-, que Braveheart estaba protagonizada por Antonio Banderas, y que Lucía se parecía a Antonio, un amigo suyo de Zafra (Badajoz) donde había estado trabajando durante dos meses. Legend, como así lo abrevian allí, es un rubio bastante suave, lo cual invitaba a un exfumador ya deshabituado como yo a atreverse a probarlo. La arena de los campamentos estaba llena de cajetillas vacías de Legend, y tampoco me resistí a hacer una foto a una. Pero yo, sobre todo, fumé Lucky, que era lo que mi camello en el desierto, Clara, me proporcionaba allí. Los escasos cigarrillos, cuatro nocturnos como máximo y, eso, el último día, siempre estaban acompañados de unos traguitos de Cardhu en petaca, y de mis lexatines. Así de bien he dormido en el Sáhara. “Ahí van los yonkis”, decía Carmen, incorporada al viaje a última hora, cuando, después de cenar, nos veía salir de la haima cargaditos de drogas blandas.

Para vuestra tranquilidad, después de la noche del día 7, la última allí, no he vuelto a fumar nada. Ni siquiera de la pipa (tuba) que allí compré y que tengo que probar un día de estos.

11 meses sin fumar

Esta anotación está publicada por el sistema de publicación diferida de Wordpress, por tanto no podemos garantizar la veracidad de la efeméride ya que el autor se encuentra de viaje en tierras lejanas y es altamente probable que haya sucumbido a algunos cigarrillos furtivos. A la vuelta de su viaje, el autor informará debidamente sobre ello.

Miércoles de ceniza

Día internacional de los fumadores. Felicidades a todos. Hoy también se cumplen 333 días desde qué dejé de fumar. Y os recuerdo que yo, para celebrarlo, me voy a la playa una semanita. Para que esto no parezca demasiado muerto, voy a dejar puesto el piloto automático del blog para que se publiquen algunas cosas durante mi ausencia.

Que ustedes lo pasen bien hablando de la presidencia del Real Madrid durante toda la semana. Ale. Adiós.

¿El inicio del principio del fin?

Ayer, otra vez, fumé dos cigarrillos. Bueno, uno y medio. A la mitad del segundo tuve que ir al baño precipitadamente. Todavía no sé si fue debido a mi falta de costumbre al tabaco rubio, a la borrachera, o a ambas cosas al mismo tiempo. También pudiera ser que no estoy habituado a beber tanta cerveza. Y es que esta vez no fumé en compañía de una rubia sola, sino de 5 jarras gigantes y un amigo fumador y, además, en un bar donde se fuma y se fuma mucho.

He de confesarlo: estoy avergonzado. Avergonzado de emborracharme con sólo 5 cervezas. Bueno, y también de haber fumado otra vez. Qué mal… Hasta me avergüenzo de avergonzarme de fumar un par de tristes cigarrillos. Pero sobre todo me avergüenzo de contar aquí esta pequeña miseria de exfumador. Qué triste…

Como ya dije la otra vez: me sigo considerando exfumador, y las cuentas que figuran ahí arriba y en el Quitómetro no se interrumpen y siguen adelante. Que se jodan los estadísticos.

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