Tampoco así
Resumen extrujado de 2009
Tampoco.
Un año largo, largo, largo
No quiero imaginar cómo de largo se le habrá hecho a Javier Armentia, que un día como ayer hace un año coincidimos en fecha para dejar de fumar. Sólo en fecha, no en éxito (aunque eso del éxito en este asunto es muy relativo). A los 4 meses yo seguí mi camino —el del estanco— y él, el suyo.
Yo fumar, fumar, fumar… y trabajar más de lo que desearía. Menos mal que fumo, de lo contrario no sé cómo habría podido sobrevivir a este último año tan largo. En estos tiempos de tanta crisis y tanto desempleo, estoy trabajando más que nunca. Me avergüenzo, pero no por acaparador. No quiero trabajar tanto. Quiero trabajar lo justo. Era muy feliz cuando trabajaba 6 meses al año —me ganaba la vida— no 11.
Hace unos días leí esta anécdota en el blog del SeñorS ambientada en un pueblo de la costa mexicana en el que un paisano está, medio adormecido, junto al mar, cuando un turista norteamericano se le acerca:
El turista le pregunta:
—Y usted, ¿a qué se dedica? ¿En qué trabaja?.
El mexicano responde:
—Soy pescador.
—¡Vaya, pues debe ser un trabajo muy duro! Trabajará usted muchas horas.
—Sí, muchas horas— replica el mexicano.
—¿Cuántas horas trabaja usted al día?.
—Bueno, trabajo tres o cuatro horitas.
—Pues no me parece que sean muchas. ¿Y qué hace usted el resto del tiempo?
—Vaya. Me levanto tarde. Trabajo tres o cuatro horitas, juego un rato con mis hijos, duermo la siesta con mi mujer y luego, al atardecer, salgo con los amigos a tomar unas cervezas y a tocar la guitarra.
El turista norteamericano reacciona inmediatamente de forma airada y responde:
—Pero hombre, ¿cómo es usted así?
—¿Qué quiere decir?
—¿Por qué no trabaja usted más horas?
—¿Y para qué?—, responde el mexicano.
—Porque así al cabo de un par de años podría comprar un barco más grande.
—¿Y para qué?
—Porque un tiempo después podría montar una factoría en este pueblo.
—¿Y para qué?
—Porque luego podría abrir una oficina en el distrito federal.
—¿Y para qué?
—Porque más adelante montaría delegaciones en Estados Unidos y en Europa.
—¿Y para qué?
—Porque las acciones de su empresa cotizarían en bolsa y usted se haría inmensamente rico.
—¿Y para qué?
—Pues para poder jubilarse tranquilamente, venir aquí, levantarse tarde, jugar un rato con sus nietos, dormir la siesta con su mujer y salir al atardecer a tomarse unas cervezas y a tocar la guitarra con los amigos.
El SeñorS recogió la anécdota de una conversación entre Carlos Taibo y Jose Luis Sampedro que todavía tengo pendiente leer completa. Unos días antes, también el SeñorS citaba a Nietzsche:
… hoy nos avergonzamos del reposo, la larga meditación ocasiona ya casi remordimientos, reflexionamos reloj en mano, comemos con los ojos fijos en la gaceta de la bolsa, vivimos como alguien que temiera constantemente dejar escapar alguna cosa.
Ayer en televisión, en un reportaje sobre españoles que una vez escaparon de la ¿civilización? rumbo al sáhara marroquí, alguien decía:
Los turistas tienen el reloj, yo tengo el tiempo.
Pues eso. Que estos días presumo de la pasta que gano (que tampoco es tanta) cayendo en la triste incertidumbre de vacas más flacas. Pero preferiría haber seguido pescando sin que ningún maldito turista yanqui me viniera a susurrar al oido.
Tengo alucinaciones
No veo el cigarrillo, no veo el encendedor, no veo el humo. Pero veo que está fumando.
Mañana
Mañana dejo de fumar. Ni vareniclina ni hostias. Con un par de huevos. Y con tartar de rape, yogur de foie, arroz con pasta fresca y chipirones, raya con pilpil de hongos… y de postre… bizcocho de chocolate caliente al aroma de tabaco y helado de chocolate blanco y tabaco. Todo eso es lo que he comido hoy. Para coger fuerzas. Sí, he terminado comiéndome el tabaco. Mola.

Canciones para no dejar de fumar:
I wanna be loved by you
Todas las rubias me cantan al oído.
Con faldas y a lo loco (1959)
Elegí dos malos días para dejar de fumar
Entre los intentos de los días 18 y 25 acumulé 29 horas sin fumar, 16 de las cuales estuve durmiendo. Las razones para estos dos nuevos fracasos son variadas: mi móvil no tenía cobertura, se me rompió una uña y, además, me hacía pis.
Nobody knows the trouble I’ve seen
Nobody knows but Jesus
Nobody knows the trouble I’ve seen
Glory Hallelujah
By the Golden Gate Quartet
Canciones para no dejar de fumar:
Nine Pound Hammer
This nine pound hammer is a little too heavy
For my size, honey, for my size
Canciones para no dejar de fumar:
Dim lights, thick smoke
Dim lights, thick smoke, and loud, loud music
Is the only kind of life you’ll ever understand
Dim lights, thick smoke and loud, loud music
You’ll never make a wife to a home-loving man
Dim lights, thick smoke – Ernie Ford, Merle Travis, Molly Bee
Sexta reunión con mi equipo
Cerca de una hora hemos estado discutiendo M. y yo después de que, nada más entrar en la consulta, detectara mi nueva colonia de tabaco negro (1) en su virginal napia.
Ni rastro de P., que para mi que ha olido la decepción a mi entrada en el centro de salud y deshecha de d—olor se ha chutado un prozac en la intimidad de su despacho del segundo piso. Sólo ha aparecido al terminar la reunión cuando ya estaba todo hablado, discutido y decidido (2 y 3).
“Sayonara, baby”, le he dicho a P.
“Adiós”, le he dicho a M.
Cuando bajaba las escaleras, he cogido por banda al primer celador que he encontrado y le he espetado:
Tras su discurso lleno de bupropión, parches y vareniclina…, al final he convencido a M. de que en esta cosa que llaman dependencia hay mucho más de filosofía que de medicina y psicología (4).
La mirada del celador rebosaba de credulidad.
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(1) Ya no fumo Lucky, como quien después de un desengaño amoroso, vuelve con su primera novia. Una primera novia llamada, por ejemplo, Ducados.
(2) El próximo día 18, Extrujado vuelve a dejar de fumar.
(3) Una prueba más de que M. pasa ampliamente de P.
(4) Una prueba más de que M. pasa ampliamente de P.



