Mi rabo
Cebollas, pimientos verdes, pimientos rojos, ajos, algo de apio, algún tomate, puerros y zanahorias. Un par de ejemplares por especie suele ser suficiente. Sal y pimienta al gusto. Todas las verduras cortadas groseramente se pochan hasta reblandecerlas en una cazuela bastante amplia con un poco de aceite de oliva virgen. Chorro de brandy, par de vasos de vino tinto y, si acaso, el agua necesaria para cubrir todas las verduras y el par de rabos de buey troceados (o, en su defecto, de añojo) que habremos introducido en la olla una vez evaporado el alcohol de los elementos líquidos incorporados. Se tapa y se baja el fuego al mínimo. Tres o cuatro horas son suficientes para que la carne quede tierna y se desprenda facilmente del hueso. Se saca el rabo y se desmiga (en caliente, que siempre será más fácil). Las verduras y líquidos que quedan en la cazuela los pasamos por la batidora concienzudamente. La salsa resultante dará para acompañar al rabo y a una buena cantidad de inigualables albóndigas que podemos hacer aparte. Sugerencia de presentación: montoncito de rabo desmigado en mitad del plato con su salsa alrededor.
Todas y todos los que me han comido el rabo han quedado encantados.
Y con esto inauguro sección de gastronomía, que ya iba siendo hora.
Estado XXL
Maldigo el Estado concebido como un lujo cultural por los inanes que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo el Estado de quien no toma XXL hasta reventarse.
“El Estado es un arma cargada de mierda”. Gabriel Extrujado Celaya.
Qué mierda, qué montón de mierda (y no me refiero a la hamburguesa).
Actualización: Por cierto, recuerdo ahora un debate que tuvo lugar en Canal Cocina con ocasión del estreno del documental “Super Size Me“ en el Festival de San Sebastián de 2004. Al parecer, yo no la he visto, en dicha película, su director Morgan Spurlock pretendía demostrar lo insano de la dieta de la hamburguesa con un absurdo planteamiento: alimentarse exclusivamente a base de los productos del menú McDonald‘s durante treinta días. Entre los invitados al debate de Canal Cocina estaban el propio Spurlock y, nada menos, que Martín Berasategui, el hombre que mejor me ha dado de comer en mi vida (sí, ya oigo al Rick de Casablanca: “por un precio, Ugarte, por un precio”). Si no recuerdo mal, en un gesto que le honra y que seguramente sorprendió a los que le invitaron a aquel debate, Martín, lejos de tomar una postura autocomplaciente no solo con su propia cocina sino con la de cualquiera, puso en entredicho la propuesta del documental haciéndola extensiva a su propio restaurante de Lasarte, es decir, vino a opinar que comer en su casa durante treinta días seguramente tampoco sería muy bueno para la salud de nadie.







