Pasado extrujado

Esta mañana, cuando me disponía a tirar varias bolsas al contenedor de basura orgánica, removiendo entre la mierda me he encontrado con un par de recuerdos extrujados de mi inadolescencia.

El primero: en el instituto había un par de amigos que me llamaban Humphrey. Todavía no sé el porqué. Entonces ni siquiera sabía cómo se escribía Hanfri (con h aspirada como el humo), recién empezaba a fumar y todavía no usaba sombrero. En el instituto yo pedía permiso para ir al baño al profesor de turno, que en la mayoría de ocasiones solía ser el tutor, ya que era el más imbécil de todos. Pero nada de meos, que siempre he sido de vejiga grande. Yo iba a lo que iba: a fumar un cigarrillo. A veces, la cosa se alargaba cuando, al rato, un compañero de nicotinas también hacía notar al tutor una supuesta incontinencia urinaria. Entonces nos encontrábamos en el baño para luego ir a un bar al lado del instituto, fumar y, de paso, jugar una partida de billar que solía durar el resto de la tarde. Ese año aprobé Geometría.

El segundo recuerdo era sobre mi preceptor en el Opus (todos tenemos un pasado más o menos oscuro, pero ya ven que el mío era negro como el tabaco). Ya entonces era un reconocido farmacólogo experto en adicciones, especialmente en la de la nicotina. En una ocasión estuve en su laboratorio viendo cómo experimentaba con ratas. Las dormía, las abría y las introducía un pequeño dispositivo que las proporcionaba pequeñas dosis de algún tipo de sustancia adictiva durante un determinado periodo de tiempo y así poder estudiar sus efectos en el animal. Cuando alguna rata fallecía en la anestesia, y fueron varias, me dejaba cortarlas la cabeza con una pequeña guillotina que, entusiasmado, descubrí en una estantería del laboratorio. Eso sí, luego tenía que rezar un rosario.

En el Opus no me dejaban hacerme pajas y, sin embargo, no tenían ningún tipo de objeción a que fumara con 15 años. ¿Me entendéis ahora?

Frases que marcan

Extrujado, 19 años de edad. En el médico, mi madre:

Doctor, dígale a mi hijo que se afeite.

El médico a mi:

¿Pero por qué no te quieres afeitar, hijito?

Extrujado, 27 años de edad. En la autoescuela, la secretaria: 

Y afeitate, que pareces un comunista!!

Aún hoy hay gente que me sigue diciendo que me afeite más a menudo. No sé, a veces me dan ganas de…

Ah, y si a alguien le parece un poco tarde que me sacara el carné de conducir a los 27, le diré que en realidad no me lo dieron hasta los 32.

Puedo volar

Creo que anoche me dieron algo raro para fumar.

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Copia y pega este código en la barra de direcciones y compruébalo tú mismo.

“Y bailaré sobre tu tumba…”

Vía anieto2k.

Cariño… nos han descubierto

5000 años abrazados
“Espero que no nos separen en nombre de la ciencia”

Sociología de W.C.

Al leer la introducción de las reglas no escritas de los fumadores (gracias, Serlio), concretamente la pregunta ¿si entras a un baño y hay un mingitorio ocupado, tomas el que esté más lejos?, me he acordado de un divertido juego realizado en flash que vi hace unos años. Me pregunto si en los baños de mujeres ocurre algo parecido.

Pesadilla surrealista

Éranse que se eran el hermano de José Campos, la hermana de Carmen Martínez Bordiú y yo. A la entrada de un restaurante y sin que ella pueda escucharnos, él, como urdiendo un plan, me dice:

—Vamos a comer en este restaurante, pero quiero que hagas una cosa: cuando estemos esperando en la barra a que nos den mesa, tú vas y nos invitas a una de jamón.

Sin saber muy bien para qué coño iba yo a invitarles a una de jamón, digo:

—Vale.

Autobuses, eclipses y tabaco

El otro día, mi amigo Rafa me contaba que siempre que pierde el autobús procura disimular su cabreo ya que, según él, el tiempo que tarda en llegar el siguiente es directamente proporcional al volumen del enfado. De alguna forma le dí la razón al recordarle ese axioma de la Ley de Murphy, sobradamente conocido entre fumadores y ex-fumadores, que dice que el autobús que llevas horas esperando aparece justo cuando enciendes un cigarrillo. Rafa está convencido de que estos fenómenos que ahora nos parecen tan misteriosos, dentro de 4.000 años nos resultarán tontos y evidentes ya que, para entonces, alguien habrá descubierto un porqué racional, simple y de lógica aplastante, del mismo modo que hace 4.000 años la gente atribuía al ocultamiento del disco solar en pleno día un caracter misterioso, extraño, sobrenatural… y ahora todos lo llamamos eclipse de sol y le encontramos explicación bastante lógica y normal.