Lugares civilizados

 

Hace poco, transcribí aquí ese fenómeno llamado Combustión Humana Espontánea Autoinducida que se produce cuando a un fumador empedernido se le acaba el tabaco en un lugar deshabitado como el Océano Pacífico, el Desierto del Sáhara o el cerebro de Bush. En estas situaciones, y debido a unos cambios metabólicos generados por la adicción, el sujeto decide fumarse a si mismo, habitualmente con un corcho en la boca que actúa de filtro.

Afortunadamente, yo no me quedé sin tabaco en el Sáhara. De todos modos, la parte del desierto en la que yo estuve es un lugar habitado y, sobre todo, es un lugar civilizado y, por tanto, hubiera sido sencillo hacerse con algunos cigarrillos. Lo digo porque en la T4 del aeropuerto de Barajas, Madrid, España, ese símbolo de modernidad de este incivilizado país, es imposible comprar tabaco salvo que demuestres que te lo vas a fumar lejos. Sí, efectivamente, en las tiendas duty-free de dicho aeropuerto no te venden tabaco si tu destino está dentro del territorio nacional (te piden la tarjeta de embarque en caja). Las razones aducidas por los dependientes de la tienda no me aclaran nada. Uno me dice que es cosa de la Unión Europea, y otro que es cosa de Tabacalera. En la tienda, el tabaco lo tienen marcado con dos precios: con impuestos y sin ellos. El precio del cartón impuestos incluídos es, además, superior en dos euros y pico al precio habitual de los estancos. Entiendo que no pueda comprarlo sin impuestos pero… ¿qué problema hay en que yo compre el tabaco con impuestos, incluso con más impuestos que en los estancos? No hay quien lo entienda salvo por lo dicho: que quieren que te lo fumes lejos, en otro país. Por suerte, el otro día yo me iba al Sáhara y me permitieron comprar tabaco, pero no contaban con que durante el viaje fumaría menos de lo habitual y me sobraría alguna cajetilla que me fumé aquí a la vuelta. Que se jodan.

Sin embargo, si alguien puede explicarme las razones reales y legales de este absurdo (perdón por el oxímoron), se lo agradecería.

¿Se puede fumar en un confesionario?

Escribía el cura Mantero, aquel cura gay, allá a finales de 2005:

La máquina penitencial católica por excelencia cumple dos restrictivas condiciones que avalan el no de Sanidad: primeramente, se trata de un lugar cerrado de trabajo, con menos de cinco metros de superficie; segundamente, es sitio de atención a cierto tipo de público. Observen su parecido con la cabina onanística de un sex shop. Con lo cuál, se me van olvidando de la tentación tabáquica, tanto confesor como penitentes, y a lo que están. Pero, ¿y si se trata de esos confesionarios portátiles, con apenas silla y celosía, que pueden enclavarse al aire libre durante romerías, manifestaciones o similares eventos? No me toquen las meninges.

Entre el atraco y la estafa

Me lo ha envíado un amable lector:

[...] Que las leyes prohíban, o impongan, actos por nuestro propio bien dejó de ser legítimo ya en 1789, al reconocerse los Derechos del Hombre y del Ciudadano, gracias a lo cual en vez de súbditos-párvulos empezamos a ser tratados como mayores de edad autónomos. Y es llamativo que en un momento tan sensible al respeto por muy distintas minorías cunda un desprecio tan olímpico hacia la única minoría que se acerca a una mayoría del censo. Sólo se entiende, de hecho, considerando la tentación de convertir los estados de Derecho en estados terapéuticos, legisladores sobre el dolor y el placer, donde lo que antes se imponía por teológicamente puro pueda ahora imponerse por médicamente recomendable.Con todo, la sustancia del atropello no cambia al sustituir sotanas negras por batas blancas. [...] Lo arriesgado es que la ley saque los pies del tiesto, lanzándose a proteger a los ciudadanos de sí mismos, como si la sociedad civil pudiera administrarse a la manera de un parvulario. Cuando nos atracan entregamos el botín a disgusto, conscientes de padecer una agresión. Cuando nos estafan lo damos a gusto, imaginando hacer un buen negocio. Pero es estafa, y no buen negocio, cargar con planes eugenésico-paternalistas que siempre aúnan despotismo con frivolidad.

Extraído de Los fumadores, entre el atraco y la estafa de Antonio Escohotado, artículo en el que también propone “actos de pacífica desobediencia civil en cada país, como encender todos los días varios millones de cigarrillos a cierta hora, que prometen tanta fiesta para los rebeldes como impotente consternación en el gendarme higienista“. ¡¡Por supuesto!! Bastante más divertido que apagar una luz o un móvil, sin duda.

Gracias, Armando.

Como Dios

Al tercer bar, el vicio resucitó. Creo que, después de escribir la última anotación, debí tardar una hora en vestirme y bajar a buscar un bar abierto. Bueno, al menos no hice como antiguamente en estas situaciones de pijama y pocos bares abiertos: coger el teléfono y pedir una pizza -o un arroz tres delicias, daba igual- para que, de paso, me trajeran tabaco, aunque creo que esto ahora es ilegal, lo del tabaco digo, aunque tal y como se han puesto con las hamburguesas en breve también será ilegal pedir algo distinto de una ensalada.

A propósito, el otro día leí la siguiente cita en el libro “Las drogas, de los orígenes a la prohibición” de Antonio Escohotado:

En lo sucesivo será asunto del médico salvar a la humanidad del vicio, tanto como hasta ahora lo fue del sacerdote. Concibamos a los seres humanos como pacientes en un hospital; cuanto más se resistan a nuestro esfuerzos por servirlos, más necesitarán nuestros servicios.

Lo dijo Benjamin Rush en 1785, uno de los padres fundadores de la nación americana, en el primer llamamiento a la ley Seca. Pues a mi me suena tan actual… Pero Escohotado cuenta más adelante:

El Volstead Act, que los europeos conocemos como ley Seca, entró en vigor a comienzos de 1920 con la expresa finalidad de “crear una nueva nación”. El propio senador Volstead difundió ese día un mensaje a través de la prensa y la radio, donde entre otras cosas dijo:

“Los barrios bajos serán pronto cosa del pasado. Las cárceles y correccionales quedarán vacíos. Todos los hombres volverán a caminar erguidos, sonreirán todas las mujeres y reirán todos los niños. Se cerraron para siempre las puertas del infierno.”

No vale reirse.

Cigarrillos de chocolate

El domingo pasado, en mi primer cumpleaños bajo en nicotina, alguien intentó regalarme unos cigarrillos de chocolate, pero no pudo. No pudo porque el artículo 3, párrafo 2 de la Ley Antitabaco dice:

Se prohíbe vender o entregar a personas menores de dieciocho años productos del tabaco, así como cualquier otro producto que le imite e induzca a fumar. En particular, se prohíbe la venta de dulces, refrigerios, juguetes y otros objetos que tengan forma de productos del tabaco y puedan resultar atractivos para los menores.

Yo soy mayor de dieciocho años, al menos físicamente puedo pasar como tal, pero imagino que a los fabricantes ya no les compensa comercializar los dichosos cigarrillos al eliminarles la ley el 99,7% de sus consumidores potenciales. Así que en las tiendas ya no los venden y yo me he quedado sin regalo de cumpleaños.

Por cierto, incluso en los campamentos de refugiados de Tinduf hay cigarrillos de ese tipo en el mercado, que los vi yo, lo que viene a confirmar que son una cultura infinitamente más avanzada que la nuestra.

No están contentos

Llevaba varios días pensando en comentar algo sobre el publicado descontento de un buen número de no fumadores (cartas al director, comentarios en blogs…) acerca del resultado de la Ley Antitabaco en los bares de menos de 100 metros cuadrados, debido a que la gran mayoría han optado por permitir fumar. Ese descontento ha llegado a oídos de la ministra, que ya se plantea medidas a corto plazo para equilibrar un poquito la balanza y que, de paso, sus vaticinios no queden tan ridículos. Lo que más me sorprende, me llama la atención, me indigna y me cabrea de todo lo dicho por la ministra ayer es:

“En una residencia privada, -sea La Moncloa [refiriéndose a esta polémica] o cualquier otra- la ley permite que se fume”.

Al final, la tendremos que agradecer que podamos ejercer algo de libertad. Así que ya sabéis, fumadores, si podéis fumar en casa es porque tenemos una ministra buena y magnánima.

Mesa para dos

En cualquier ciudad, en cualquier restaurante, cualquier día, a cualquier hora:

—Quisiera una mesa para…
—¿Fumadores o no fumadores?
—… para dos. Joder… ¿hay que elegir? ¿No tienen un limbo para mi?
—Lo siento, señor, pero…
—¡Ya, que lo han cerrado! ¿Y un pequeño purgatorio?
—Pues…
—Ah, ya sé. Deme un territorio sin Estado.
—Señor, me temo que eso no va a ser po…
—¿Ni una franja de Gaza?
—¿Perdón?
—Nada, déjelo. Me iré a comer a mi casa.

Los no-fumadores practican la autogestión

Vía Escolar.Net y Barrapunto me entero de la creación de un wiki en la que no-fumadores libres están confeccionando una lista de bares y restaurantes en los que no se permite fumar. ¿Se necesitaba una ley para esto?

La intromisión que no para

Small laws are pieced together into huge tyrannies
“La idea antigua de que sólo las dictaduras eran totalitarias resulta ingenua, porque el totalitarismo consiste, sobre todo, en la intromisión de los Gobiernos en todas las esferas de la sociedad, en el afán de regularlo, controlarlo e intervenir en todo, de condicionar la vida de los ciudadanos e influir en ella, en no dejarles apenas márgenes de libertad y decirles cómo han de comportarse y organizarse, no sólo en lo público y común, sino asimismo en lo personal y privado. Y de la misma manera que se va perdiendo la creencia de que las diferencias entre particulares puedan dirimirse sin recurrir a un juez, y así los países se llenan de denuncias y pleitos, también se está perdiendo una noción importantísima para las sociedades libres, a saber: que no todo tiene que estar regulado y supervisado por instancias superiores; que el Estado no tiene derecho a opinar de todo y menos aún a dictar normas para cualquier actividad, iniciativa o costumbre. Y al perderse esa noción se le cede todo el campo al Gobierno de turno (lo que todo Gobierno desea), con la consiguiente renuncia de los individuos a sus criterios, su participación y su autonomía. Un suicidio.

En estas fechas ha entrado en vigor la –esta sí– dictatorial ley antitabaco, con la Ministra Salgado permitiéndose tratar a los ciudadanos como a menores de edad, al decir a los fumadores, entre otras cosas abusivas, que acabarán agradeciéndole que les prohíba fumar en tantos sitios.”

Así comienza el artículo de Javier Marías en el EPS de este fin de semana. Aquí sigue.

Elena Salgado, ¿visionaria? y ministra

La Ministra de Sanidad mira en su bola de cristal y predice:

La gran mayoría (de los bares y restaurantes de menos de 100 metros) optará por la prohibición de fumar, ya que el 70% de los ciudadanos no fuman y desean ambientes libres de humos.

Vía Escolar.Net.

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