Retratando mi Festival de Cine del Sáhara
He abierto un álbum de fotos en Flickr con las fotos de mi estancia en Dajla. Aviso: Hay un retrato de mi careto.
Se terminó la película
Tras salir ayer a las tres de la tarde de casa de Tatu, he llegado hoy a la mía a las 8 de la mañana con tiempo solamente para dejar la maleta en el suelo e ir a trabajar. Sin dormir, sin duchar y sin Mbarka.
Ha terminado el V Festival de Cine del Sáhara, Fisahara 2008. El único festival con vocación de desaparecer.
Me voy al cine
La entrada cuesta un huevo y parte del otro, está en las afueras, a las que llegas en avión, en un lugar apartado, al que no se puede llegar ni en tren, ni en avión, ni por carretera; sólo en landrover y tras dos horas y media de baches. La sala es al aire libre, hace fresco y a veces mucho viento, no hay butacas, ni sillas, ni acomodador, la película se ve y se oye regular… Lo bueno es que la gente no come palomitas ni bebe cocacola, y después de la película te puedes quedar a dormir por allí. El hotel no tiene la calidad de un cinco estrellas, pero por su calidez le dieron más de un millón. En el cielo están impresas.
Hasta la vuelta.
El pobre Rodrigo de Jerez
A Rodrigo de Jerez le salió todo mal: Partió en la Santa María, junto a Colón, rumbo a Las Indias, mas sólo consiguió llegar a América. A Europa regresó en La Niña fumando unas hojas secas, tal y como había visto hacer a los nativos de la isla de Guanahani. Al verlo regresar con esos humos, la Inquisición le encerró durante siete años, a pesar de lo cual, y como todos sabemos, fumar se hizo costumbre en el viejo continente. Para más inri, Rodrigo de Jerez tenía una esposa:
… a Rodrigo de Jerez, que se trajo un alijo en La Niña, le empuró La Santa Inquisición. ¿A quién se le ocurre echar humo por la boca en la puritana Ayamonte de 1492?. Sin embargo , y esto lo omiten los cronistas, mayor oprobio que la delación que le entregó al Santo Oficio fue que su mujer difundiera entre el vecindario que, entre el fragor de los viajes y la mordedura de los años, el robusto de antaño se le había trocado en panetela.
Lo contaba el otro día el cocinero y gastrónomo Abraham García.
Nos queda un consuelo pensando en el pobre Rodrigo: en el fondo tuvo suerte de vivir en aquella época. De haber vivido en la nuestra, de aquel viaje no habría regresado y le habrían abandonado en parecidas latitudes. Digamos en… Guantánamo.
Reposición con propina
Repongo una de las escenas que hace mayor y mejor apología del tabaco en el cine moderno, pero esta vez acompañada por una cita de Groucho leída en el blog de Harpo.
Envidio a los profesores de tenis. No se me ocurre mejor forma de ganarme la vida que tener al otro lado de la red a una chica de 18 años con todos sus pertrechos agitándose de arriba abajo. Sobre todo si mi mujer está fuera de la ciudad.
Las llaves
Termino la clase. Voy al despacho de administración a buscar las llaves para cerrar el aula, pero las llaves no están en su cajón.
—¿Dónde están las llaves?— pregunto.
—Las tendrá Elena, que habrá ido a fumar al aula de teórica— me contestan todas al unísono.
Aprovechando que está de pie, Raquel me acompaña al aula de teórica a buscar las llaves. Intenta abrir la puerta pero está cerrada con llave.
—Ah, pues no está, qué mal pensadas somos— dice.
—¿No habrá cerrado por dentro para que nadie la pille fumando?— pregunto.
Raquel no me hace ni caso, pero cuando nos estamos volviendo, oímos que alguien abre la puerta desde dentro. Es Elena que sale del aula hablando por el móvil.
—¿Lo ves? Se había encerrado para que nadie la molestara mientras hablaba— dice Raquel.
Raquel vuelve a su despacho y yo espero a que Elena cierre y me dé las llaves mientras continúa hablando por el móvil. De forma rápida y con un gesto extraño en su mano me entrega el llavero, pero no logra evitar que vea la colilla apagada entre sus dedos.
Alberto Montt

Alberto Montt, ilustrador.
Tos
Estos días ando con el tiempo justo a mediodía y tengo que comer en la única cafetería que me pilla de paso y que tiene sandwiches rápidos y decentes, con la casualidad de que es de las poquitas que hay en toda la ciudad para no fumadores. Está medio vacía, claro. Pues hoy, estaba yo comiendo mi sandwich primavera tan tranquilo y en eso que, por las prisas —valga la contradicción— me atraganto. Para no toser encima de las patatas fritas, ladeo la cabeza hacia mi derecha y veo a una chica que está fumando a escasos dos metros. Entre tos y tos, me río. También entre tos y tos, pienso que el tabaco nunca me ha provocado tos (salvo cuando lo he dejado), que vaya mierda de sandwiches y qué peligroso es el pan tostado. Una camarera advierte a la chica que está prohibido fumar y ella apaga el cigarrillo. Pero yo sigo con mi tos. No hay forma de despegar de mi faringe la miga del puto sandwich. Miro a la chica. Ella lee el periódico con la cabeza demasiado inmóvil. Creo que está mirando el periódico para no mirarme a mi. Sigo con mi tos, doy un trago a la cerveza y, por fin, se me pasa. Santa cerveza, mierda de sandwiches, puto pan tostado. El resto me lo como amargado preguntándome si esa pobre chica se estaría sintiendo culpable por una tos de la que no era responsable. Mierda de ley.

Adivina qué será lo último que prohiban vender en esta tienda.
El paquete extrujado

Estigma del bolsillo trasero derecho de mi pantalón vaquero.
Lo guardaré cual sábana santa.
Arqueología
Unos restos arqueológicos hallados hoy en una zona cercana a Atapuerca (Burgos) revelan la existencia de una antiquísima pero avanzada cultura en la que se acostumbraba a regalar tabaco durante la celebración de los ritos nupciales. El arqueólogo ucraniano autor del descubrimiento se ha mostrado perplejo por la antigüedad de los restos (1997) así como por la procedencia geográfica original de los mismos (Dénia, Alicante).
Algunos científicos consultados están convencidos de la relación entre este hallazgo, la ley antitabaco y la costumbre actual de obsequiar a los invitados de las bodas con agua de colonia en extraños envases spray.













